El padre Morón pisó el continente helado y llevó allí la
bandera de Clonmacnoise
San Antonio de Areco. El padre Néstor Morón, párroco de San Patricio, fue
nombrado meses atrás capellán del Séptima Brigada Aérea de Morón, y como tal
fue invitado a visitar la base Marambio en la Antártida. Contó su experiencia e
invitó a profundizar en el conocimiento de la tarea de quienes hacen una
esforzada tarea para que la Argentina tenga presencia en esas lejanas tierras, reservorio
de agua potable y de riqueza mineral.
El nombre del sacerdote,
que además de párroco de San Patricio es capellán del Colegio Faá di Bruno y
capellán rural, fue sugerido por el anterior capellán de la Séptima Brigada de
Morón -en el momento en que decidió pasarse a otra base más cercana a su
parroquia-, al grupo de sacerdotes del Obispado castrense como su reemplazo.
Las acciones habituales a seguir en estos casos desde el capellán mayor en el
Edificio Cóndor, es evaluar la idoneidad del candidato. Pasaron alrededor de 2
años desde esa sugerencia y meses atrás convocan al padre Morón para una
entrevista en la sede del Estado Mayor de la Fuerza Aérea.
Le ofrecen atender dos
bases, una en Morón y otra en Merlo,
pero por todas sus ocupaciones el sacerdote solamente aceptó una, para poder
cumplimentar sus obligaciones responsablemente. A los pocos días debió
presentarse en Morón para iniciar su tarea y luego fue puesto en funciones
oficialmente, así quedó instituido capellán de la Séptima Brigada Aérea de
Morón, conformada por helicopteristas.
Rápidamente fue invitado
a acompañar a la tropa que debía presentarse en la base Marambio de la Fuerza
Aérea. “Había una petición de la Fuerza Aérea de enviar un sacerdote, van de
tanto en tanto, pero no hay una continuidad como se busca en estos momentos”. Y
así decidió iniciar el viaje.
Hacia Marambio
Partió en un Hércules
desde El Palomar hasta Río Gallegos, lugar obligado para cambiar de avión en el
trayecto hacia Marambio, ya que la distancia así lo exige. “Todo el mundo
piensa que el centro de la Argentina es Córdoba pero es Ushuaia”, señala el
padre Morón, ya que la distancia entre Ushuaia y La Quiaca “es la misma que hay
desde el inicio de la península antártica al grado 0 del Polo Sur. La partida
desde Río Gallegos se demoró por una cuestión climática, la base está en una
meseta y si hay niebla no se distingue la pista “y hay que apuntar a una
meseta”.
En el viaje a Marambio
hay un punto de no retorno, es decir si un avión se dirige hacia la base y las
condiciones climáticas son riesgosas en la base el vuelo regresa a Río
Gallegos, pero si llegó al punto 0 no hay posibilidad de retorno, debe
continuar hacia la base, por eso es muy importante el trabajo mancomunado de
pilotos y los meteorólogos de la base, a tal punto deben coordinar
perfectamente que, el padre Morón dio una idea relatando lo que les sucedió.
Estaban en Río Gallegos con el vuelo programado para el día siguiente a las 18,
pero a las 3 los despertaron diciendo que debían partir inmediatamente “porque
se había abierto una ventana”, así denominan a un espacio de buen clima dentro
del mal clima, “duran 3 o 4 horas, por lo tanto calculan cuánto va a tardar esa
ventana en llegar a Marambio para que el avión llegue, aterrice, descargue y
vuelva a salir, una gran precisión, un trabajo admirable”.
Emocionantes momentos
Describió como
emocionante el momento que, en vuelo, se comienzan a distinguir los primeros
pequeños témpanos de hielo, hasta que se convierten en una barrera de hielo,
“no tienen la resistencia de otros tiempos, es un hielo frágil ahora”.
Finalmente el 23 de enero, luego de 4
horas y media de vuelo, arribaron a la base, hubo una ceremonia de bienvenida,
“ahí nomás fui recibido como capellán, en ese momento era el capellán de
servicio de la Antártica”, permaneció en el lugar unos 10 días.
Su tarea fue atender
confesiones de la población de la base, unas 250 personas, “científicos de
varias partes del mundo más nuestra gente de la Fuerza Aérea”. Quienes están
allí deben cumplimentar una larga serie de trabajos como “hacer el agua,
despejar las pistas, acomodar hangares, un sinfín de tareas por lo que
necesitan una buena alimentación. Se suman las bajísimas temperaturas que
en verano pueden rondar entre los 2 y 12
grados y en invierno pueden superar los 50 grados bajo cero.
Un lugar muy particular
Además de trabajar como
capellán, utilizó algo de tiempo para recorrer, acompañando a helicopteristas
en sus recorridos abasteciendo otras bases, también caminando por Marambio –“No
se puede recorrer solo por la isla, es un territorio bastante traicionero”, ya
que surgen grietas de varios kilómetros de profundidad que son un enorme
riesgo-. Destacó la gran importancia que se le da a la ecología, “no se puede
encender fuego, tirar colillas, tocar nada”, es una zona de muchos fósiles que
son objetivo de estudio de científicos.
“Uno sabe cuándo va pero no cuándo vuelve”,
manifestó el sacerdote, ya que el clima rige esos tiempos, pueden surgir
ventiscas de repente, de 70 o 100 kilómetros por hora, que no permiten el
despegue de los aviones, pueden durar horas o un mes.
Otro aspecto que genera
impresiones en quien pisa el lugar es el tiempo de luz y de oscuridad, el padre
Morón tuvo la oportunidad de vivir el verano, es decir luz las 24 horas, “a las
2.30 de la mañana es el cenit de la medianoche allá, es como acá cuando baja el
sol y queda el reflejo en el cielo, a las 3.30 ya sale el sol otra vez, es de
día todo el tiempo en Marambio, en invierno es a la inversa, siempre de noche y
un reflejo en el horizonte. En la base Belgrano, del Ejército –más al Sur- es claro los seis meses de día y
de noche”.
Hombres y mujeres trabajando por todos
Destacó algunos aspectos,
uno es el efecto que hace el lugar a las personas, “uno se encuentra primero
con la magnificencia de la creación, su grandiosidad”, más el enorme silencio
que enfrenta a la persona con su conciencia.
Y el siguiente aspecto que también impresiona es observar el trabajo de
quienes están allí en durísimas
condiciones, “nuestra gente, que cuida el territorio,
porque todavía ningún país puede ejercer soberanía sobre la Antártida
(…) el único argumento es la permanencia. Argentina tiene las mayores reservas
de agua, la Antártida es eso, ni hablemos de la riqueza de su suelo”.
El primero en la historia de la comunidad palotina
Que un palotino pisara
por primera vez suelo antártico, indujo al padre Morón a parafrasear al
astronauta Neil Armstrong, primer hombre en pisar la luna, “yo, en nombre de
todos los palotinos, pisé la Antártida”, lo comunicó a Irlanda y a Roma, “un
festejo, porque llegamos al otro día de la fecha de San Vicente
Pallotti-fundador de la congregación-
