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jueves, 5 de marzo de 2015

Un palotino en la Antártida

El padre Morón pisó el continente helado y llevó allí la bandera de Clonmacnoise
San Antonio de Areco. El padre Néstor Morón, párroco de San Patricio, fue nombrado meses atrás capellán del Séptima Brigada Aérea de Morón, y como tal fue invitado a visitar la base Marambio en la Antártida. Contó su experiencia e invitó a profundizar en el conocimiento de la tarea de quienes hacen una esforzada tarea para que la Argentina tenga presencia en esas lejanas tierras, reservorio de agua potable y de riqueza mineral.


El nombre del sacerdote, que además de párroco de San Patricio es capellán del Colegio Faá di Bruno y capellán rural, fue sugerido por el anterior capellán de la Séptima Brigada de Morón -en el momento en que decidió pasarse a otra base más cercana a su parroquia-, al grupo de sacerdotes del Obispado castrense como su reemplazo. Las acciones habituales a seguir en estos casos desde el capellán mayor en el Edificio Cóndor, es evaluar la idoneidad del candidato. Pasaron alrededor de 2 años desde esa sugerencia y meses atrás convocan al padre Morón para una entrevista en la sede del Estado Mayor de la Fuerza Aérea.
Le ofrecen atender dos bases, una en Morón y  otra en Merlo, pero por todas sus ocupaciones el sacerdote solamente aceptó una, para poder cumplimentar sus obligaciones responsablemente. A los pocos días debió presentarse en Morón para iniciar su tarea y luego fue puesto en funciones oficialmente, así quedó instituido capellán de la Séptima Brigada Aérea de Morón, conformada por helicopteristas.
Rápidamente fue invitado a acompañar a la tropa que debía presentarse en la base Marambio de la Fuerza Aérea. “Había una petición de la Fuerza Aérea de enviar un sacerdote, van de tanto en tanto, pero no hay una continuidad como se busca en estos momentos”. Y así decidió iniciar el viaje.
Hacia Marambio
Partió en un Hércules desde El Palomar hasta Río Gallegos, lugar obligado para cambiar de avión en el trayecto hacia Marambio, ya que la distancia así lo exige. “Todo el mundo piensa que el centro de la Argentina es Córdoba pero es Ushuaia”, señala el padre Morón, ya que la distancia entre Ushuaia y La Quiaca “es la misma que hay desde el inicio de la península antártica al grado 0 del Polo Sur. La partida desde Río Gallegos se demoró por una cuestión climática, la base está en una meseta y si hay niebla no se distingue la pista “y hay que apuntar a una meseta”.
En el viaje a Marambio hay un punto de no retorno, es decir si un avión se dirige hacia la base y las condiciones climáticas son riesgosas en la base el vuelo regresa a Río Gallegos, pero si llegó al punto 0 no hay posibilidad de retorno, debe continuar hacia la base, por eso es muy importante el trabajo mancomunado de pilotos y los meteorólogos de la base, a tal punto deben coordinar perfectamente que, el padre Morón dio una idea relatando lo que les sucedió. Estaban en Río Gallegos con el vuelo programado para el día siguiente a las 18, pero a las 3 los despertaron diciendo que debían partir inmediatamente “porque se había abierto una ventana”, así denominan a un espacio de buen clima dentro del mal clima, “duran 3 o 4 horas, por lo tanto calculan cuánto va a tardar esa ventana en llegar a Marambio para que el avión llegue, aterrice, descargue y vuelva a salir, una gran precisión, un trabajo admirable”.
Emocionantes momentos
Describió como emocionante el momento que, en vuelo, se comienzan a distinguir los primeros pequeños témpanos de hielo, hasta que se convierten en una barrera de hielo, “no tienen la resistencia de otros tiempos, es un hielo frágil ahora”. Finalmente el 23 de enero,  luego de 4 horas y media de vuelo, arribaron a la base, hubo una ceremonia de bienvenida, “ahí nomás fui recibido como capellán, en ese momento era el capellán de servicio de la Antártica”, permaneció en el lugar unos 10 días.
Su tarea fue atender confesiones de la población de la base, unas 250 personas, “científicos de varias partes del mundo más nuestra gente de la Fuerza Aérea”. Quienes están allí deben cumplimentar una larga serie de trabajos como “hacer el agua, despejar las pistas, acomodar hangares, un sinfín de tareas por lo que necesitan una buena alimentación. Se suman las bajísimas temperaturas que en  verano pueden rondar entre los 2 y 12 grados y en invierno pueden superar los 50 grados bajo cero.
Un lugar muy particular
Además de trabajar como capellán, utilizó algo de tiempo para recorrer, acompañando a helicopteristas en sus recorridos abasteciendo otras bases, también caminando por Marambio –“No se puede recorrer solo por la isla, es un territorio bastante traicionero”, ya que surgen grietas de varios kilómetros de profundidad que son un enorme riesgo-. Destacó la gran importancia que se le da a la ecología, “no se puede encender fuego, tirar colillas, tocar nada”, es una zona de muchos fósiles que son objetivo de estudio de científicos.
 “Uno sabe cuándo va pero no cuándo vuelve”, manifestó el sacerdote, ya que el clima rige esos tiempos, pueden surgir ventiscas de repente, de 70 o 100 kilómetros por hora, que no permiten el despegue de los aviones, pueden durar horas o un mes.
Otro aspecto que genera impresiones en quien pisa el lugar es el tiempo de luz y de oscuridad, el padre Morón tuvo la oportunidad de vivir el verano, es decir luz las 24 horas, “a las 2.30 de la mañana es el cenit de la medianoche allá, es como acá cuando baja el sol y queda el reflejo en el cielo, a las 3.30 ya sale el sol otra vez, es de día todo el tiempo en Marambio, en invierno es a la inversa, siempre de noche y un reflejo en el horizonte. En la base Belgrano, del Ejército  –más al Sur- es claro los seis meses de día y de noche”.
Hombres y mujeres trabajando por todos
Destacó algunos aspectos, uno es el efecto que hace el lugar a las personas, “uno se encuentra primero con la magnificencia de la creación, su grandiosidad”, más el enorme silencio que enfrenta a la persona con su conciencia.  Y el siguiente aspecto que también impresiona es observar el trabajo de quienes están allí  en durísimas condiciones, “nuestra gente, que cuida el  territorio,  porque todavía ningún país puede ejercer soberanía sobre la Antártida (…) el único argumento es la permanencia. Argentina tiene las mayores reservas de agua, la Antártida es eso, ni hablemos de la riqueza de su suelo”.

El primero en la historia de la comunidad palotina
Que un palotino pisara por primera vez suelo antártico, indujo al padre Morón a parafrasear al astronauta Neil Armstrong, primer hombre en pisar la luna, “yo, en nombre de todos los palotinos, pisé la Antártida”, lo comunicó a Irlanda y a Roma, “un festejo, porque llegamos al otro día de la fecha de San Vicente Pallotti-fundador de la congregación-