El nuevo párroco de la Iglesia San Antonio subrayó que todos
encontrarán en él a un aliado, a un compañero
San Antonio de Areco. El padre Juan Marcos Esperón es el nuevo párroco de la
Iglesia San Antonio de Padua, en reemplazo de Santiago Whelan. El padre Juan
Marcos se presentó formalmente el lunes 26 de enero, acompañado del obispo de
la Diócesis, monseñor Oscar Sarlinga, el mismo Whelan y monseñor Roberto
Amondarain, entre otros. En su conversación con PRIMERA FILA hizo hincapié en que forma parte de una Iglesia abierta, dinámica y que su función esencial es estar al servicio de cada uno de los vecinos de esta localidad.
Oriundo de Capital
Federal, tiene cinco hermanos. Vivió durante parte de su juventud en San Isidro. Es hincha de San Lorenzo y le
gusta el automovilismo –fue acompañante en Turismo Carretera siendo un
sacerdote muy joven-. Siguió el llamado
de Dios y se ordenó en 1983. Su primer destino a cargo de una Parroquia fue
Escobar, y siempre se mantuvo dentro de la Diócesis Zárate-Campana.
Tomó esta designación en
Areco con mucho entusiasmo y alegría, “es un servicio hacia una comunidad
determinada y para continuar la obra del sacerdote anterior, que hizo cosas
espectaculares, fue un excelente párroco, y seguir avanzando y profundizando en
la captación de los lugareños para que se acerquen a la Iglesia, nueva,
renovada, llena de alegría, entusiasmo, dinamismo”, dijo en referencia a la
“revolución” que han significado para la Iglesia Universal los casi 2 años de
pontificado que lleva el Papa Francisco.
Esencialmente
escuchar
Los primeros tiempos en
una nueva Parroquia implican, según señaló el padre Juan Marcos, escuchar, como
algo esencial, conocer a la gente y sus circunstancias, para eso necesita
charlar “caminando con la gente, preguntando, escuchando sin emitir opinión (…)
lo mío es muy simple, vengo con mucha paz, mucha serenidad, y lo más
importante, vengo a servir, a servirles a ustedes”.
“La
Iglesia está para ayudar”
Quiere conocer todo, “la
periferia, las necesidades, los barrios, las pobrezas, las dificultades, el
Río, las inundaciones, atender a los más pobres, los necesitados, los excluidos, los que no tienen trabajo, los
enfermos, los ancianos. Para eso estoy.
Estoy dispuesto a recorrer casa por casa”. Su objetivo es relacionarse no solamente con los católicos sino con toda la
comunidad, “creyentes o no. Que sepan que acá está la casa de Dios, de Jesús,
que siempre tiene los brazos abiertos para recibirlos, en cualquier necesidad,
ya sea espiritual, material, económica, siempre Dios nos tiende una mano (…)
cuando tengan algún problema o dificultad, sepan que la Iglesia está para eso,
para servir, para ayudar”.
“Todo
tuyo, nada mío”
Recordó la frase del Papa
Francisco en el momento en que supo de su elección, “se arrodilló ante el
sagrario y dijo ‘me miró y tuvo compasión’ –en referencia a Jesús- que quiere
decir ‘me miró Jesús con esa mirada penetrante, amorosa y tuvo compasión y
misericordia’. Le entregó lo poco con la edad que tiene, ‘todo tuyo, nada mío’,
lo mismo quiero aplicar yo”. Fue alumno de Francisco cuando era aún monseñor
Bergoglio, a quien admira
profundamente, por lo que afirma, “voy a
poner en práctica real y auténtica todo lo que él quiere que haga en una
Iglesia dinámica, abierta, feliz, dichosa pese a todas las dificultades”
Por eso aprovechó la
entrevista para comunicar a los vecinos
que anhela poder llegar a todos, “pero tengo mi corazón especial dedicado a
quienes están postrados, enfermos, agobiados, tristes, sin esperanza, a la
juventud que ha perdido el horizonte, a aquellos que padecen alguna dolencia.
Sepan que tienen un aliado, un compañero que les va a ayudar en todo lo que
esté a mi alcance y sepan que para Dios nada es imposible”.
