Con formación universitaria en composición, “el Maestro”
continúa dictando clases y tocando
San Antonio de Areco. Adolfo Colombo Mosetti (77), conocido como Adolo, es un
vecino ligado a la localidad desde la generación de sus abuelos, que destacaron
de una u otra manera en la vida de la comunidad. Siempre estuvo conectado con la música, hizo
una carrera universitaria –Licenciatura en Música-, pero su trayectoria está
más ligada a la música popular. Se lo reconoce como “el Maestro Colombo
Mosetti” en referencia a la música, más allá de que la docencia ha sido y es un
aspecto destacado en su vida.
Su abuelo paterno,
Francisco Colombo, fue el primer impresor del Don Segundo Sombra de Ricardo
Güiraldes, en la imprenta de calle Arellano –existe una placa que lo recuerda-,
además de poseer otra en la ciudad de Buenos Aires, de donde salieron a la
calle libros ligados a grandes nombres de la literatura argentina, entre ellos
el de Jorge Luis Borges. Su abuelo Mosetti llegó a San Antonio de Areco y fue
comisario del pueblo, “murió muy joven de pulmonía”, ya que en ese momento se
movilizaban a caballo y estaban más expuestos al clima, “tengo aún la espada
que usaba”.
La madre de Adolo, Flora
Mosetti, era profesora de piano, y en la casa familiar funcionaba el
Conservatorio Alberto Williams, “dábamos exámenes en el Conservatorio de Buenos
Aires”, recuerda, refiriéndose a él y a sus hermanos, “Elito” (Ismael),
“Florcita” y “Yuyito” (Gabriel). “Trabajé mucho tiempo con ella acá en Areco,
después estudié con un profesor particular, y finalmente no me dediqué al piano
sino a la composición, hice la carrera de licenciado en Música en la
Universidad Católica Argentina”.
Años
de docencia
Al recibirse participó en
algunos concursos de composición de música de cámara, y ganó dos, pero,
decidido a vivir de la música debió incursionar en otros géneros para poder
hacerlo, además de dedicarse a la docencia, dio clases de Cultura Musical
durante 25 años en el Colegio Nacional y durante 45 en el Colegio Santa María,
también en un colegio de Bella Vista y en otro de Hurlingham. Además de hacerlo
en la Escuela Nacional de Danzas de Buenos Aires, que ahora es parte del IUNA
(Instituto Universitario Nacional de Arte) donde aún dicta clases.
La
música popular
En su afán porque la
música fuera también su medio de vida, integró distintos grupos de la zona,
“Guarujá” fue uno, también la orquesta de tango de Pedro Mariano, participó de bandas de cumbia,
de música melódica, de folklore, “10 años con los Hermanos Abrodos como
pianista”, fue parte de los carnavales del Prado Español por 20 años “en el
grupo de Lopecito” junto al “Negro” Battistelli, “Chichito” Lucci, Ruben
Santamaría y Santos Rocha, entre otros.
Fue uno de los músicos en
el primer disco del Trío Areco, La Misa
Criolla, a principios de los 70. En la década del 80 viajó a Japón y Corea
acompañando al grupo de danzas de la UBA, ya que era director del conjunto
musical que acompañaba al grupo.
Aún es parte de Tres para
lo Nuestro, continúan tocando “no con asiduidad, tocamos en los lugares que nos
interesan, ya estamos grandes todos”, señaló.
Continúa conformando el
staff de la Escuela Municipal de Danzas, que se creó en 1968 por iniciativa del
profesor José Abelardo Lojo Vidal, “que vino de Buenos Aires, el creador de la
Escuela Nacional de Danzas de Buenos Aires, que fue profesor de Guida
O’Donnell”. Fue Guida quien le pidió a Adolo que la acompañara siendo el
pianista de las clases, lleva ya 46 años en esa función.
Adolo
compositor
Como compositor tiene
registradas unas sesenta piezas, “soy socio de Sadaic desde antes del año 70,
después de 35 años hay un reconocimiento autoral, me dan un beneficio
monetario”. Entre sus temas está la muy
difundida “Huella de Dios”, letra de Jorge Heredia.
“De la música se puede
vivir”, asegura. Yo empecé ingeniería y no me gustó. Me decían ‘qué vas a hacer
con la música’. La docencia fue de los primeros caminos para trabajar, pero la
música popular fue un modo también”.
Adolo tiene cuatro hijos
de dos matrimonios, Berenice y Ariel, Facundo y Renzo. Divide su vida entre San
Antonio de Areco y Buenos Aires, trabaja, toca, lee, disfruta de ver algunos
deportes, principalmente el boxeo, y se mantiene interesado en la situación del
país y en los acontecimientos políticos. Entre las cosas que le han quedado por
hacer, menciona el haberse dedicado a la
música clásica, que es para lo que se formó.
