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jueves, 25 de septiembre de 2014

Adolo Colombo Mosetti, la vida dedicada a la música

Con formación universitaria en composición, “el Maestro” continúa dictando clases y tocando
San Antonio de Areco. Adolfo Colombo Mosetti (77), conocido como Adolo, es un vecino ligado a la localidad desde la generación de sus abuelos, que destacaron de una u otra manera en la vida de la comunidad.  Siempre estuvo conectado con la música, hizo una carrera universitaria –Licenciatura en Música-, pero su trayectoria está más ligada a la música popular. Se lo reconoce como “el Maestro Colombo Mosetti” en referencia a la música, más allá de que la docencia ha sido y es un aspecto destacado en su vida.


Su abuelo paterno, Francisco Colombo, fue el primer impresor del Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, en la imprenta de calle Arellano –existe una placa que lo recuerda-, además de poseer otra en la ciudad de Buenos Aires, de donde salieron a la calle libros ligados a grandes nombres de la literatura argentina, entre ellos el de Jorge Luis Borges. Su abuelo Mosetti llegó a San Antonio de Areco y fue comisario del pueblo, “murió muy joven de pulmonía”, ya que en ese momento se movilizaban a caballo y estaban más expuestos al clima, “tengo aún la espada que usaba”.
La madre de Adolo, Flora Mosetti, era profesora de piano, y en la casa familiar funcionaba el Conservatorio Alberto Williams, “dábamos exámenes en el Conservatorio de Buenos Aires”, recuerda, refiriéndose a él y a sus hermanos, “Elito” (Ismael), “Florcita” y “Yuyito” (Gabriel). “Trabajé mucho tiempo con ella acá en Areco, después estudié con un profesor particular, y finalmente no me dediqué al piano sino a la composición, hice la carrera de licenciado en Música en la Universidad Católica Argentina”.
Años de docencia
Al recibirse participó en algunos concursos de composición de música de cámara, y ganó dos, pero, decidido a vivir de la música debió incursionar en otros géneros para poder hacerlo, además de dedicarse a la docencia, dio clases de Cultura Musical durante 25 años en el Colegio Nacional y durante 45 en el Colegio Santa María, también en un colegio de Bella Vista y en otro de Hurlingham. Además de hacerlo en la Escuela Nacional de Danzas de Buenos Aires, que ahora es parte del IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte) donde aún dicta clases.
La música popular
En su afán porque la música fuera también su medio de vida, integró distintos grupos de la zona, “Guarujá” fue uno, también la orquesta de tango de  Pedro Mariano, participó de bandas de cumbia, de música melódica, de folklore, “10 años con los Hermanos Abrodos como pianista”, fue parte de los carnavales del Prado Español por 20 años “en el grupo de Lopecito” junto al “Negro” Battistelli, “Chichito” Lucci, Ruben Santamaría y Santos Rocha, entre otros.
Fue uno de los músicos en el primer disco del Trío Areco, La Misa Criolla, a principios de los 70. En la década del 80 viajó a Japón y Corea acompañando al grupo de danzas de la UBA, ya que era director del conjunto musical que acompañaba al grupo. 
Aún es parte de Tres para lo Nuestro, continúan tocando “no con asiduidad, tocamos en los lugares que nos interesan, ya estamos grandes todos”, señaló.
Continúa conformando el staff de la Escuela Municipal de Danzas, que se creó en 1968 por iniciativa del profesor José Abelardo Lojo Vidal, “que vino de Buenos Aires, el creador de la Escuela Nacional de Danzas de Buenos Aires, que fue profesor de Guida O’Donnell”. Fue Guida quien le pidió a Adolo que la acompañara siendo el pianista de las clases, lleva ya 46 años en esa función.
Adolo compositor
Como compositor tiene registradas unas sesenta piezas, “soy socio de Sadaic desde antes del año 70, después de 35 años hay un reconocimiento autoral, me dan un beneficio monetario”.  Entre sus temas está la muy difundida “Huella de Dios”, letra de Jorge Heredia.
“De la música se puede vivir”, asegura. Yo empecé ingeniería y no me gustó. Me decían ‘qué vas a hacer con la música’. La docencia fue de los primeros caminos para trabajar, pero la música popular fue un modo también”.
Adolo tiene cuatro hijos de dos matrimonios, Berenice y Ariel, Facundo y Renzo. Divide su vida entre San Antonio de Areco y Buenos Aires, trabaja, toca, lee, disfruta de ver algunos deportes, principalmente el boxeo, y se mantiene interesado en la situación del país y en los acontecimientos políticos. Entre las cosas que le han quedado por hacer, menciona  el haberse dedicado a la música clásica, que es para lo que se formó.