Estudió el nivel Primario en la Escuela Nº 1 y el Secundario en José Manuel Estrada, ambos en su ciudad natal. Se formó a nivel universitario en la facultad CAESE diplomándose a los 25 años como Calculista Científico y Licenciada en Sistemas de la Información.
En su adolescencia participó activamente en Acción Católica con el grupo de la parroquia de la Virgen del Carmen en Cañuelas.
Desde joven, Marcela trabajó para ganarse la vida y pagar sus estudios. A los 17 años comenzó como empleada en una mutual de Capital Federal, a los 19 años pasó a enseñar computación como profesora en una academia propiedad de su hermana Stella y de su cuñado Miguel Fernández . Esta actividad la llegó a recorrer varias ciudades como Lobos, 25 de Mayo, Ramos Mejía, Ezeiza, San Miguel y la misma Cañuelas.
Fue poseedora de una gran capacidad de trabajo que ejercía con dedicación y entusiasmo. El tesón fue otra cualidad junto a su actuar dinámico, de tal manera que, por ejemplo, un martes a las 10 de la noche terminaba de dar clases en Lobos y al día siguiente a las 8 de la mañana estaba a 130 kilómetros, en Capital Federal, tomando clases para completar sus estudios en CAESE.
Entre los años 1986 y 1990 fue Jefa del Centro de Cómputos de Galeno Medicina Prepaga, cargo al que renunció a pocos meses de nacer su primer hijo para adecuar sus actividades laborales a la nueva etapa de madre.
Marcela se había casado con Daniel Ford en 1986 con quien tuvo cinco hijos, Marcos (1989), Victoria (1991), Lucrecia (1992), Mercedes (1994) y Vicente (1998). Se entregó por entero a todos los aspectos concernientes a la crianza de los chicos, orientándolos en el camino de sus creencias de Fe cristiana, no solo con la palabra, sino, primordialmente con el ejemplo de vida. También estimuló a cada uno a vivir según su vocación mediante el trabajo, el estudio y por sobre todo a ser personas de bien como modo de vida.
La familia se radicó en San Antonio de Areco en 1994, fue una elección que priorizó criar a los hijos en un ambiente tranquilo, seguro y donde poder estableces redes laborales y sociales para desarrollarse.
Marcela trabajó 4 años en el Colegio San Antonio dando clases de computación en los niveles de escuela Primaria y Secundaria.
Desde el 2000 al 2003 se dedicó a la enseñanza particular.
Fue catequista en parroquia San Patricio.
Marcela resultó columna vertebral de este semanario PRIMERA FILA, el cual sin su aporte no hubiera existido porque lo colmó de entusiasmo y energía para superar circunstancias adversas.
En lo personal, Marcela Cepeda, se caracterizó por su interés hacia el prójimo, fue una mujer poseedora de una gran sensibilidad que le permitió establecer profundos vínculos con su entorno ya sea a nivel familiar, laboral, amistoso, vecinal e institucional. Lo suyo fue la entrega tanto material como espiritual, siempre tenía tiempo, oído y palabras (en ese orden) para compartir con sus afectos y allegados.
Luego de llevar adelante un largo tratamiento contra el cáncer, el 17 de agosto falleció en el sanatorio CEMIC de Capital Federal.
Su partida fue en paz, imbuida en la Fe a Cristo y la Virgen María. Estuvo lúcida en sus últimas horas de vida rodeada por su familia a cuyos integrantes les brindó testimonio de amor y consuelo.
