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domingo, 31 de agosto de 2014

El padre Scampini es parte de uno de los Pontificios Consejos de Roma

Miembro de la Orden de Santo Domingo, su tarea es la Promoción de la Unidad de los Cristianos
San Antonio de Areco. El padre dominico Jorge Scampini, oriundo de esta localidad, ha sido nombrado como parte del Pontificio Consejo  para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de Roma. Una tarea que no lo alejará completamente de la Argentina.


Scampini explicó que la Curia romana es una estructura muy grande con distintos organismos diferenciados por temáticas y problemáticas, “algunos son ejecutivos, otros promueven causas que están al servicio del Ministerio propio del Papa en bien de la Iglesia Universal”, entre esos organismos mencionó a los pontificios consejos, “en mi caso concreto, soy consultor del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En la estructura del Pontificio Consejo hay un staff permanente en Roma, un presidente, un secretario, un grupo de gente que trabaja cotidianamente allí, hay cardenales, arzobispos y obispos que son miembros, y están los consultores, que es el servicio más técnico de peritos”, todos nombramientos por un periodo de 4 años que puede renovarse, “ese es el servicio concreto que se me ha pedido”.
Considera que la nueva tarea no modificará demasiado su vida, más allá de participar en las reuniones para las que sea convocado, “gran cantidad de trabajo será en mi propio lugar, más hoy que los medios de comunicación han liberado y descargado de la exigencia de muchos desplazamientos de las personas”.
En cuanto a la problemática que lo ocupará, “no es una novedad ni es extraño el tema, lo vengo estudiando desde hace 30 años”, en 2001 fue miembro de la Comisión de Fe y del Consejo Mundial de Iglesias, en esa Comisión se mantuvo por tres periodos, el último finalizó en noviembre pasado. También fue secretario de la Comisión Episcopal de los Obispos  Argentinos de Ecumenismo, por dos periodos. De 2006 al 2010 fue miembro de la Comisión de Diálogo Bautista Católica,  desde 2011 está en la Comisión de Diálogo de los Reformados y desde 2012 en la de Diálogo con los Metodistas. 
Duggan y Areco
Jorge Scampini vivió sus primeros años en Duggan junto a su familia -su padre Leopoldo que murió hace 15 años, su madre Helvia Guevara, y su hermano Juan Bautista que falleció 11 años atrás-. Comenzó la primaria en esa localidad y la completó en la Escuela 1, ya instalados en Areco, y la secundaria en el Colegio Nacional.
Estudió Derecho en la Universidad Católica, “cuando terminé entré en la orden” de Santo Domingo, alcanzó el grado académico de bachiller en Filosofía y luego de Teología, desde 1988 a 1990 hizo la Licenciatura en Teología en Roma y desde 1997 al 2000 el Doctorado en Friburgo, Suiza. 
Sobre su vocación, fue descubriendo que era para “la vida dominicana, donde está muy marcado lo comunitario, la predicación de la palabra y donde tiene un gran peso toda la dimensión de estudio”. 
“La juventud por sí misma no se explica”
Cuando se le consultó sobre su visión acerca de la situación de los jóvenes en estos tiempos, señaló, “la juventud por sí misma no se explica, se explica por lo que las generaciones anteriores le transmiten, si han sabido o no transmitir, si tenían resuelto o no resuelto”. Manifestó que en Estados Unidos “las actuales generaciones piden algo muy distinto de lo que uno esperaba, piden tener identidades más claras (…) dicen que fueron víctimas de la generación de los padres donde todo es lo mismo, todo es opinable, relativo y que en el fondo han creído vivir sin límites”.
Con respecto al límite, algo que se ve como negativo, lo consideró desde otra perspectiva, “a veces hay que pensarlo también como el cauce del río, que permite no solo contener el agua sino que llegue a destino, que es desembocar en el mar. Si uno le quita el límite del cauce el agua se desparrama por todas partes. En el fondo ayuda a la desintegración y al desorden total. Es necesaria  cierta orientación para que uno descubra su propia identidad y llegue a realizarla en plenitud”.
Considera que se vive en un exceso de permisivismo, “donde aparentemente todo es lo mismo, y a mí me cuesta creer que todo sea lo mismo. Cuando uno trata de llevar a las últimas consecuencias el ‘todo es lo mismo’,  la naturaleza se nos vuelve en contra. Siempre hubo cambios epocales y luego se reordenó, el drama son las generaciones que quedan en el medio”.