Miembro
de la Orden de Santo Domingo, su tarea es la Promoción de la Unidad de los
Cristianos
San
Antonio de Areco. El padre dominico Jorge Scampini,
oriundo de esta localidad, ha sido nombrado como parte del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos de Roma. Una tarea que no lo alejará completamente de la Argentina.
Scampini explicó que la Curia romana es una
estructura muy grande con distintos organismos diferenciados por temáticas y
problemáticas, “algunos son ejecutivos, otros promueven causas que están al
servicio del Ministerio propio del Papa en bien de la Iglesia Universal”, entre
esos organismos mencionó a los pontificios consejos, “en mi caso concreto, soy
consultor del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos. En la estructura del Pontificio Consejo hay un staff permanente en
Roma, un presidente, un secretario, un grupo de gente que trabaja
cotidianamente allí, hay cardenales, arzobispos y obispos que son miembros, y
están los consultores, que es el servicio más técnico de peritos”, todos
nombramientos por un periodo de 4 años que puede renovarse, “ese es el servicio
concreto que se me ha pedido”.
Considera que la nueva tarea no modificará
demasiado su vida, más allá de participar en las reuniones para las que sea
convocado, “gran cantidad de trabajo será en mi propio lugar, más hoy que los
medios de comunicación han liberado y descargado de la exigencia de muchos
desplazamientos de las personas”.
En cuanto a la problemática que lo ocupará,
“no es una novedad ni es extraño el tema, lo vengo estudiando desde hace 30
años”, en 2001 fue miembro de la Comisión de Fe y del Consejo Mundial de
Iglesias, en esa Comisión se mantuvo por tres periodos, el último finalizó en
noviembre pasado. También fue secretario de la Comisión Episcopal de los
Obispos Argentinos de Ecumenismo, por
dos periodos. De 2006 al 2010 fue miembro de la Comisión de Diálogo Bautista
Católica, desde 2011 está en la Comisión
de Diálogo de los Reformados y desde 2012 en la de Diálogo con los
Metodistas.
Duggan y
Areco
Jorge Scampini vivió sus primeros años en
Duggan junto a su familia -su padre Leopoldo que murió hace 15 años, su madre
Helvia Guevara, y su hermano Juan Bautista que falleció 11 años atrás-. Comenzó
la primaria en esa localidad y la completó en la Escuela 1, ya instalados en
Areco, y la secundaria en el Colegio Nacional.
Estudió Derecho en la Universidad Católica,
“cuando terminé entré en la orden” de Santo Domingo, alcanzó el grado académico
de bachiller en Filosofía y luego de Teología, desde 1988 a 1990 hizo la Licenciatura en Teología en Roma y desde 1997 al 2000
el Doctorado en Friburgo, Suiza.
Sobre su vocación, fue descubriendo que era
para “la vida dominicana, donde está muy marcado lo comunitario, la predicación
de la palabra y donde tiene un gran peso toda la dimensión de estudio”.
“La
juventud por sí misma no se explica”
Cuando se le consultó sobre su visión
acerca de la situación de los jóvenes en estos tiempos, señaló, “la juventud
por sí misma no se explica, se explica por lo que las generaciones anteriores
le transmiten, si han sabido o no transmitir, si tenían resuelto o no
resuelto”. Manifestó que en Estados Unidos “las actuales generaciones piden
algo muy distinto de lo que uno esperaba, piden tener identidades más claras
(…) dicen que fueron víctimas de la generación de los padres donde todo es lo
mismo, todo es opinable, relativo y que en el fondo han creído vivir sin
límites”.
Con respecto al límite, algo que se ve como
negativo, lo consideró desde otra perspectiva, “a veces hay que pensarlo
también como el cauce del río, que permite no solo contener el agua sino que
llegue a destino, que es desembocar en el mar. Si uno le quita el límite del
cauce el agua se desparrama por todas partes. En el fondo ayuda a la
desintegración y al desorden total. Es necesaria cierta orientación para que uno descubra su
propia identidad y llegue a realizarla en plenitud”.
Considera que se vive en un exceso de
permisivismo, “donde aparentemente todo es lo mismo, y a mí me cuesta creer que
todo sea lo mismo. Cuando uno trata de llevar a las últimas consecuencias el ‘todo
es lo mismo’, la naturaleza se nos
vuelve en contra. Siempre hubo cambios epocales y luego se reordenó, el drama
son las generaciones que quedan en el medio”.
