Violencia social
Capitán Sarmiento. En su rutina aeróbica por el camino al
cementerio, un vecino sufrió un ataque proveniente de un grupo de chicos que
estaba al lado del camino, uno de ellos con un rifle de aire comprimido y del
cual recibió un disparo cuando iba pasando. No es el primer ataque que se registra en la
zona; un par de años atrás, un joven que pasaba en camioneta recibió un
piedrazo salvando su visión gracias al avance tecnológico. Si bien entonces se asentó la denuncia, no
trascendió si los agresores fueron identificados.
Esta vez el ataque, ocurrido el
pasado lunes 11, lo sufrió Marcos Laurens cuando volvía de sus habituales
caminatas, quien ante la trascendencia del hecho aceptó relatar lo ocurrido y
explicar porqué decidió no asentar la denuncia.
El ataque provino de un grupo de chicos
que no pudo identificar, “eran muchachitos pequeños con otro por ahí más grande
que estaban jugando con un rifle de aire comprimido, con todo lo que esto
significa, y cuando volvía, a los pocos metros de pasar delante de ellos, sentí
el ardor en una de mis piernas, cuando me di vuelta y los increpé salieron
corriendo”. El camino, con su arbolado a los costados, es el recorrido
preferido por quienes cumplen una rutina aeróbica; si bien sufrió una lesión
leve, “este disparo pudo haber pegado a
un ojo, a una persona grande o a un nene chiquito, terminar en algo
grave”.
El no asentar la denuncia, por estar
entre las posibilidades al tratarse de una lesión menor y por no considerarlo
una solución, “fue una lesión leve y opté por no radicar la denuncia porque
entiendo que esto tiene que ver con un problema social grave, un deterioro, un
quiebre del tejido social muy profundo”.
No reciente, “desde los últimos quince años y más desde hace unos diez,
este quiebre se ha profundizado de una forma terrible; el deterioro que vemos
en la sociedad, en Capitán Sarmiento, en esta provincia y el país en general es grave”. Revertir este estado, “requiere urgentes
decisiones s, no para mañana, para ayer; esto tiene que cambiar y pasa por una
decisión política”.
Básicamente, “más que nada siento tristeza por las cosas
que pasan y no hay que estigmatizar el camino al cementerio; hace años que hago
ese camino, es un momento de esparcimiento, de estar al aire libre, de cruzarme
por ahí con gente, charlar un rato”. En
cumplimiento de su rutina, “me ha pasado de ver a chicos que están cazando pero
generalmente con sus padres o un mayor, y también ver a señoras que de buena
manera los desalientan a matar pajaritos”.
En la mala experiencia, su
agradecimiento a quienes le demostraron su preocupación y al personal policial,
“cuando esto trascendió las autoridades se pusieron a mi disposición, así que
ante su pedido les comenté lo ocurrido”.
Si bien le consta que la zona es regularmente patrullada (“la policía
hace lo que puede pero sería imposible tener un patrullero en cada lugar y a
todo momento”), entiende que no es la solución, “hay que pensar en el futuro de
estos pibes; el foco tiene que estar apuntado a la educación, al raciocinio, a
pensar las cosas antes de realizarlas, en las consecuencias de nuestras
acciones sobre otras personas”.
