Capitán Sarmiento. Concluido el acto protocolar por este 204º aniversario de la Revolución de Mayo, la
conmemoración continuó con una misa en la parroquia San Carlos Borromeo celebrada
por su párroco, el padre Rogelio Vázquez, recién llegado de su viaje a
Roma.
Al finalizar la ceremonia el padre
Rogelio entregó a la comunidad a través del intendente Oscar Ostoich dos
presentes, uno de él y otro del Santo Padre, tratándose de un crucifijo y una
placa con las iníciales SPQR (Senatus Populusque Romanus). Antes de partir a Roma, Ostoich le había
encargado al padre Rogelio entregar al papa Francisco una carta y una bandera
bonaerense en nombre de la comunidad, atención que fue devuelta también a
través una carta de salutación de la Santa Sede, llegada al municipio por
correo.
Por la tarde, frente al
centro cultural La Estación, gran
cantidad de vecinos se convocó a disfrutar de la peña, bailando folklore,
degustando tortas y otras exquisiteces, y recorriendo los stands de
artesanías.
Papa Francisco
Sobre su viaje a Roma, el
padre Rogelio explicó que era un regalo prometido a sí mismo al cumplir hace unos dos años sus 40 años en el
sacerdocio, y posible gracias a la generosidad de muchos. Para esta no su
primera visita a la ciudad eterna, “empecé a ahorrar, euro por euro, y después entre la ayuda de uno y otro
hicimos una vaquita y pude hacer el viaje”.
El propósito lo tenía definido, “quería volver a lugar entrañables”,
entre ellos, la iglesia San Luis de los Franceses, para detenerse nuevamente en
la obra de Caravaggio. Con el sacerdote
con quien viajó, tuvo una audiencia con el papa Francisco, “lo conocí como
sacerdote, obispo, arzobispo, ahora como papa, y siempre es el mismo, hasta
diría que más jovial; yo creo que lo perdimos como un gran pastor pero lo recuperamos como un
gran papa, él le dice mucho al mundo; seguramente merecía llevar la barca de
Pedro”. En el encuentro, “me pidió que
bendijera nuestro pueblo y me regaló una estola para que lo hiciera; yo le
entregué en un bolso muy lindo cartas y mensajes de gente de aquí, un saludo
del intendente, también regalos, una pintura”.
Su llegada a Roma fue el
27 de abril, el “domingo de los cuatro papas”, el día de la doble canonización
de Juan Pablo II y Juan XXIII, ceremonia que presenció con dificultad. “Era tal la cantidad de polacos, japoneses y
gente de todo el mundo que había que era un paredón humano, escuchaba con mucho
esfuerzo lo que pasaba en el altar; Roma estaba totalmente copada, creo que no
quedó nadie en Polonia”. Desde el
principio al fin, la experiencia fue gratificante, “ya desde la salida de aquí
y a lo largo del viaje me encontré con mucha gente linda; fue muy lindo el
viaje y fue muy lindo volver”.
