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viernes, 30 de mayo de 2014

Padre Rogelio Vázquez junto al Papa Francisco

25 de Mayo de 1810. 204º aniversario
Capitán Sarmiento.  Concluido el acto protocolar por este  204º aniversario de la Revolución de Mayo, la conmemoración continuó con una misa en la parroquia San Carlos Borromeo celebrada por su párroco, el padre Rogelio Vázquez, recién llegado de su viaje a Roma.  


Al finalizar la ceremonia el padre Rogelio entregó a la comunidad a través del intendente Oscar Ostoich dos presentes, uno de él y otro del Santo Padre, tratándose de un crucifijo y una placa con las  iníciales SPQR (Senatus Populusque Romanus).  Antes de partir a Roma, Ostoich le había encargado al padre Rogelio entregar al papa Francisco una carta y una bandera bonaerense en nombre de la comunidad, atención que fue devuelta también a través una carta de salutación de la Santa Sede, llegada al municipio por correo.   
Por la tarde, frente al centro cultural La Estación,  gran cantidad de vecinos se convocó a disfrutar de la peña, bailando folklore, degustando tortas y otras exquisiteces, y recorriendo los stands de artesanías. 
Papa Francisco
Sobre su viaje a Roma, el padre Rogelio explicó que era un regalo prometido a sí mismo al  cumplir hace unos dos años sus 40 años en el sacerdocio, y posible gracias a la generosidad de muchos. Para esta no su primera visita a la ciudad eterna, “empecé a ahorrar, euro por  euro, y después entre la ayuda de uno y otro hicimos una vaquita y pude hacer el viaje”.  El propósito lo tenía definido, “quería volver a lugar entrañables”, entre ellos, la iglesia San Luis de los Franceses, para detenerse nuevamente en la obra de Caravaggio.  Con el sacerdote con quien viajó, tuvo una audiencia con el papa Francisco, “lo conocí como sacerdote, obispo, arzobispo, ahora como papa, y siempre es el mismo, hasta diría que más jovial; yo creo que lo perdimos como  un gran pastor pero lo recuperamos como un gran papa, él le dice mucho al mundo; seguramente merecía llevar la barca de Pedro”.  En el encuentro, “me pidió que bendijera nuestro pueblo y me regaló una estola para que lo hiciera; yo le entregué en un bolso muy lindo cartas y mensajes de gente de aquí, un saludo del intendente, también regalos, una pintura”. 

Su llegada a Roma fue el 27 de abril, el “domingo de los cuatro papas”, el día de la doble canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, ceremonia que presenció con dificultad.  “Era tal la cantidad de polacos, japoneses y gente de todo el mundo que había que era un paredón humano, escuchaba con mucho esfuerzo lo que pasaba en el altar; Roma estaba totalmente copada, creo que no quedó nadie en Polonia”.  Desde el principio al fin, la experiencia fue gratificante, “ya desde la salida de aquí y a lo largo del viaje me encontré con mucha gente linda; fue muy lindo el viaje y fue muy lindo volver”.