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miércoles, 16 de abril de 2014

Murray, “la cuestión está en saber comer”

Abordaje de la obesidad
Capitán Sarmiento.  El médico nutricionista Raúl Murray refirió acerca de la importancia de determinar el origen del desequilibrio en el peso corporal que aflige a muchas personas a fin de encarar la dieta adecuada.  Para ilustrar, Murray recurre al rendimiento de 10 litros de nafta en un parque automotor variado, “con diez litros habrá autos que harán  100 km, otros 110, otros 140; dependerá del auto, de su velocidad, de la gente que vaya adentro, pero los diez litros van a ser siempre diez litros”.  

Del mismo modo, la cantidad de calorías ingerida obrará distinto según cada persona, “una dieta normal, en promedio de 2000 calorías, puede variar mucho de acuerdo a la edad o a la actividad de cada persona; una persona puede comer una pizza y ser flaca, y otra comer una porción y ser gorda”.  
A partir de esto deberá buscarse el equilibrio, “alcanzar un equilibrio lleva tiempo, con una pequeña cantidad todos los días, como agregar o quitar las 120 calorías de una manzana, se puede aumentar o disminuir de peso”.  Igualmente, añadiendo actividad física diaria, “una caminata de una hora son unas 120 calorías, depende de que la haga o no, sumo o resto; multiplicado en un mes de treinta días, sumado a las calorías de una manzana,  pueden ser 7 mil calorías, lo que equivale a un kilo de tejido graso”.
Sin desconocer la herencia genética (“la epigenética trata de la genética hacia arriba, la de nuestros padres y ancestros”), Murray destaca que hay una generalidad a atender, “la adiposidad típica en la mujer es el cuerpo de pera y en el hombre el cuerpo de manzana: el hombre tiende a tener panza y la mujer a aumentar en la cola y en las piernas”.
Esta diferencia, explica Murray, desde los orígenes de la especie, “en la era paleolítica la gente no comía todos los días, la función principal era la del hombre cazador, que salía y estaba dos o tres días sin comer hasta que encontraba algo, lo cazaba y lo comía”.  Igualmente, la grasa adiposa se localizó en la mujer atendiendo su función, “la función básica de la mujer es la procreación y para sostener al bebé necesita caderas y piernas fuertes”. 
De ambas adiposidades, “es mucho peor la masculina que la femenina, la obesidad abdominal tiene que ver con la obesidad de los órganos internos: hígado, páncreas, corazón”.    En contrapartida, “la grasa abdominal es mucho más fácil de bajar”. 
Sin desconocer la inclusión laboral y su rol actual, “la mujer en general está más expuesta al picoteo, a las comidas a deshora y ese picoteo no se ve; la gente obvia el tema de la factura, la galletita, todo en diminutivo, pero una factura puede sumar 300 calorías, ese ‘poquito’ suma muchísimo”. 

Así, para quien busque el peso adecuado, “lo primero es ordenarse con las comidas; cuatro por día: desayuno, almuerzo, merienda y cena, y en general no recomiendo las colaciones”.  Murray observa que además del riesgo de pasar pronto de una tostada, manzana o yogur, a “un alfajor, galletitas o un pedazo de queso”, se trata de crear una disciplina, “hay que acostumbrar al cuerpo a determinados momentos de comida en el día y no a cualquier hora”.  Seguido a esto, al momento de sentarse a comer, “saber que la fuente no es la continuación de nuestro plato, asumir que nuestra comida termina en ese plato”.   A fin de poner un límite, conviene proceder como en un restaurante, “en general uno se limita a comer el plato principal y nada más”.   A diferencia de otras culturas, “acá juntamos carne, pastas, antipasto, postres, hacemos un menjunje de cosas, lo peor es esa combinación de hidratos y grasas  que nos termina produciendo un aumento de peso muy grande”.  Se debe estar atento, “muchas veces hay prejuicios ante ciertas comidas pero la cuestión está en  saber comer”.