Capitán
Sarmiento. El médico nutricionista Raúl
Murray refirió acerca de la importancia de determinar el origen del
desequilibrio en el peso corporal que aflige a muchas personas a fin de encarar
la dieta adecuada. Para ilustrar, Murray
recurre al rendimiento de 10 litros de nafta en un parque
automotor variado, “con diez litros habrá autos que harán 100 km , otros 110, otros
140; dependerá del auto, de su velocidad, de la gente que vaya adentro, pero
los diez litros van a ser siempre diez litros”.
Del mismo modo, la cantidad de calorías ingerida obrará distinto según
cada persona, “una dieta normal, en promedio de 2000 calorías, puede variar
mucho de acuerdo a la edad o a la actividad de cada persona; una persona puede
comer una pizza y ser flaca, y otra comer una porción y ser gorda”.
A
partir de esto deberá buscarse el equilibrio, “alcanzar un equilibrio lleva
tiempo, con una pequeña cantidad todos los días, como agregar o quitar las 120
calorías de una manzana, se puede aumentar o disminuir de peso”. Igualmente, añadiendo actividad física
diaria, “una caminata de una hora son unas 120 calorías, depende de que la haga
o no, sumo o resto; multiplicado en un mes de treinta días, sumado a las
calorías de una manzana, pueden ser 7
mil calorías, lo que equivale a un kilo de tejido graso”.
Sin
desconocer la herencia genética (“la epigenética trata de la genética hacia
arriba, la de nuestros padres y ancestros”), Murray destaca que hay una generalidad
a atender, “la adiposidad típica en la mujer es el cuerpo de pera y en el
hombre el cuerpo de manzana: el hombre tiende a tener panza y la mujer a aumentar
en la cola y en las piernas”.
Esta
diferencia, explica Murray, desde los orígenes de la especie, “en la era
paleolítica la gente no comía todos los días, la función principal era la del
hombre cazador, que salía y estaba dos o tres días sin comer hasta que
encontraba algo, lo cazaba y lo comía”.
Igualmente, la grasa adiposa se localizó en la mujer atendiendo su
función, “la función básica de la mujer es la procreación y para sostener al
bebé necesita caderas y piernas fuertes”.
De
ambas adiposidades, “es mucho peor la masculina que la femenina, la obesidad
abdominal tiene que ver con la obesidad de los órganos internos: hígado,
páncreas, corazón”. En contrapartida,
“la grasa abdominal es mucho más fácil de bajar”.
Sin
desconocer la inclusión laboral y su rol actual, “la mujer en general está más
expuesta al picoteo, a las comidas a deshora y ese picoteo no se ve; la gente obvia
el tema de la factura, la galletita, todo en diminutivo, pero una factura puede
sumar 300 calorías, ese ‘poquito’ suma muchísimo”.
Así,
para quien busque el peso adecuado, “lo primero es ordenarse con las comidas;
cuatro por día: desayuno, almuerzo, merienda y cena, y en general no recomiendo
las colaciones”. Murray observa que además
del riesgo de pasar pronto de una tostada, manzana o yogur, a “un alfajor,
galletitas o un pedazo de queso”, se trata de crear una disciplina, “hay que
acostumbrar al cuerpo a determinados momentos de comida en el día y no a
cualquier hora”. Seguido a esto, al
momento de sentarse a comer, “saber que la fuente no es la continuación de
nuestro plato, asumir que nuestra comida termina en ese plato”. A fin de poner un límite, conviene proceder
como en un restaurante, “en general uno se limita a comer el plato principal y
nada más”. A diferencia de otras
culturas, “acá juntamos carne, pastas, antipasto, postres, hacemos un menjunje
de cosas, lo peor es esa combinación de hidratos y grasas que nos termina produciendo un aumento de
peso muy grande”. Se debe estar atento,
“muchas veces hay prejuicios ante ciertas comidas pero la cuestión está en saber comer”.
