Reality
show y realidad
Capitán
Sarmiento. Un reality show que se emite
por un canal de aire convoca a personas con exceso de peso dispuestas a
afrontar ante las cámaras el desafío que imponen las pautas del programa, y el
vecino Matías Casas se incluye entre los recientes participantes que no
alcanzaron esas premisas. Acerca de esta
experiencia, la segunda que intenta en ese programa que sigue el asesoramiento
de la clínica del doctor Cormillot, Casas comenta que previamente debió firmar
un contrato, entre otros ítems, con la prohibición de dar detalles sobre la
producción tras bambalinas.
Aun
así, Casas considera necesario difundir su experiencia, “en televisión no es
todo como uno lo ve, no es tan así”. Lo
lamentable, es que resulta creíble, “después por el facebook me recriminaban
que no había puesto lo suficiente de mi parte”.
Según
pudo experimentar, “a ellos lo único que les importa es tener rating,”. En el programa, señala Casas, los productores marcan la línea que consideran indicada, y que en general es contraria a la actitud
natural de los participantes, y así, “cuando la cámara está prendida es una
cosa y cuando se apaga es otra”.
Y
mantener el relato de maltrato propuesto por quienes dirigen el programa
agota, “no quiero volver más, me sentí
muy maltratado, quedé como alguien a quien nada le importaba, y hasta haciendo
creer que había molestado con mensajes a chicas participantes, todo mentira,
todo muy ficticio ahí adentro”. En la
estrategia de lograr rating, no hay
límite, “un productor me propuso
que me presentara como homosexual, me dijo: ‘¿y si decimos que sos gay?’; o
montones de veces me pidieron ‘largate a llorar’; hay mucha actuación, juegan
con la obesidad, con los sentimientos de uno”.
Como sea, parece que el recurso del golpe bajo ya no sirve, “están
pensando en levantar el programa, ahora va al mediodía, no tienen rating”.
De
algún modo, en el par de meses que participó, “bajé 15 kilos”. A partir de ahora, buscará aprovechar el
seguimiento ofrecido, una última consulta y la posibilidad de un apoyo grupal,
a cargo de una persona que superó la obesidad.
Sin obra social por estar en un trabajo informal, no será fácil seguir
un tratamiento pero está mentalizado, “ahora voy a un nutricionista, empiezo el
gimnasio y como pueda seguiré el tratamiento, sin la presión del programa de
tener que decir esto o aquello, ya
llevando una vida normal y sabiendo cómo tengo que comer”.
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