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domingo, 27 de abril de 2014

El negocio oscuro del robo de caballos



En Villa Lía: Se registraron dos hechos de este tipo en los últimos tres meses
San Antonio de Areco.- Primera Fila hizo una investigación sobre hechos de robos de caballos en Villa Lía que hasta ahora no habrían tomado estado público. En esa zona se produjeron dos sucesos similares en los meses de febrero y de abril de este año.

 
El primero ocurrió en el campo de Roberto Salvarredy de donde fueron sustraídos dos equinos propiedad de Rochaix. El segundo sucedió el 10 de abril en el predio de Carugatti de donde se llevaron otros dos caballos. En ambos casos los animales eran orejanos (sin seña ni marca),  fueron llevados en horas de la noche o la madrugada a través de haciendas vecinas luego de ir cortando los alambrados.
El modus operandi
Los ladrones buscan caballos que estén cerca del alambrado que da al camino, cortan los tres hilos de alambre superiores para que el animal pueda pasar, hacen lo mismo con el campo que se ubica enfrente del damnificado y continúan seccionando las cercas de los campos linderos. De esta forma recorren a pie con los equinos de tiro unos 20 o 30 kilómetros hasta llegar al lugar donde dejaron estacionado el vehículo que porta un carro al cual los suben y emprenden la huida.
Por lo general para montar su escape utilizan campos sembrados, prefiriendo los de maíz pues, cuando está a punto de ser cosechado, la planta llega a alcanzar los 2 metros de alto. A pesar de que los cuatreros dejan muchos rastros, es muy difícil dar con ellos.
La organización del robo de caballos
Las bandas que roban caballos tienen una organización muy parecida a las que tienen como objetivo autos o motos. Pero la sustracción de un animal resulta más sencilla que la de un vehículo ya que los equinos se encuentran en lugares descampados y protegidos con tan solo siete hilos de alambre. Además, son de fácil comercialización. Dentro de esta estructura se encuentran quienes se encargan de sacarlos de su lugar de origen, los que los trasladan, los que los reciben y los guardan y los que los comercializan.
Los animales son llevados a campos muy grandes con exuberante arboleda o a islas del río Paraná. En este último caso los cruzan a nado o en carretones. En ambas situaciones cercan los montes con boyeros para que permanezcan en ese sitio. Allí los “enfrían”, es decir, esperan a que nadie los reclame y luego los mercantilizan.
Para la policía rural es muy complicado el rastreo en las islas por sus grandes superficies y porque hay gente baquiana que los va mudando de un sitio a otro para esconderlos. Aquí los agentes investigan por medio de informantes conocedores de los pelajes que indican las fechas en que pasaron determinados caballos. De esta manera se logra certificar o descartar si el corcel que buscan se encuentra allí.
A estos orejanos se los reconoce por el pelaje y algunas señas particulares que el propietario tiene en cuenta, también es común que haya fotos. Al momento de ubicar al animal se coteja  todo esto y si el actor tenedor no tiene la documentación correspondiente se concluye que se trata del caballo que están buscando.
Los robos por lo general son esporádicos. Puede pasar que en un año no se lleven ninguno y que en dos meses sustraigan varios.
Caballos recuperados
El 15 de abril la policía rural localizó el caballo de Rochaix en Campana en condición de compra de buena fe. En fecha anterior, fue recuperado un equino propiedad de Palavecino, de la localidad de Santa Coloma, partido de Baradero. El animal fue encontrado en Lima, había sido abandonado en la vía pública y un lugareño lo había atado en su campo para prevenir accidentes.