En Villa Lía: Se registraron dos hechos de este
tipo en los últimos tres meses
San Antonio de Areco.- Primera Fila hizo una
investigación sobre hechos de robos de caballos en Villa Lía que hasta ahora no
habrían tomado estado público. En esa zona se produjeron dos sucesos similares
en los meses de febrero y de abril de este año.
El primero
ocurrió en el campo de Roberto Salvarredy de donde fueron sustraídos dos
equinos propiedad de Rochaix. El segundo sucedió el 10 de abril en el predio de
Carugatti de donde se llevaron otros dos caballos. En ambos casos los animales
eran orejanos (sin seña ni marca),
fueron llevados en horas de la noche o la madrugada a través de
haciendas vecinas luego de ir cortando los alambrados.
El modus operandi
Los
ladrones buscan caballos que estén cerca del alambrado que da al camino, cortan
los tres hilos de alambre superiores para que el animal pueda pasar, hacen lo
mismo con el campo que se ubica enfrente del damnificado y continúan seccionando
las cercas de los campos linderos. De esta forma recorren a pie con los equinos
de tiro unos 20 o 30 kilómetros hasta llegar al lugar donde dejaron estacionado
el vehículo que porta un carro al cual los suben y emprenden la huida.
Por lo
general para montar su escape utilizan campos sembrados, prefiriendo los de
maíz pues, cuando está a punto de ser cosechado, la planta llega a alcanzar los
2 metros de alto. A pesar de que los cuatreros dejan muchos rastros, es muy
difícil dar con ellos.
La organización del robo de
caballos
Las bandas
que roban caballos tienen una organización muy parecida a las que tienen como
objetivo autos o motos. Pero la sustracción de un animal resulta más sencilla
que la de un vehículo ya que los equinos se encuentran en lugares descampados y
protegidos con tan solo siete hilos de alambre. Además, son de fácil
comercialización. Dentro de esta estructura se encuentran quienes se encargan
de sacarlos de su lugar de origen, los que los trasladan, los que los reciben y
los guardan y los que los comercializan.
Los
animales son llevados a campos muy grandes con exuberante arboleda o a islas
del río Paraná. En este último caso los cruzan a nado o en carretones. En ambas
situaciones cercan los montes con boyeros para que permanezcan en ese sitio.
Allí los “enfrían”, es decir, esperan a que nadie los reclame y luego los
mercantilizan.
Para la
policía rural es muy complicado el rastreo en las islas por sus grandes
superficies y porque hay gente baquiana que los va mudando de un sitio a otro
para esconderlos. Aquí los agentes investigan por medio de informantes
conocedores de los pelajes que indican las fechas en que pasaron determinados
caballos. De esta manera se logra certificar o descartar si el corcel que
buscan se encuentra allí.
A estos
orejanos se los reconoce por el pelaje y algunas señas particulares que el
propietario tiene en cuenta, también es común que haya fotos. Al momento de
ubicar al animal se coteja todo esto y
si el actor tenedor no tiene la documentación correspondiente se concluye que
se trata del caballo que están buscando.
Los robos
por lo general son esporádicos. Puede pasar que en un año no se lleven ninguno
y que en dos meses sustraigan varios.
Caballos recuperados
El 15 de
abril la policía rural localizó el caballo de Rochaix en Campana en condición
de compra de buena fe. En fecha anterior, fue recuperado un equino propiedad de
Palavecino, de la localidad de Santa Coloma, partido de Baradero. El animal fue
encontrado en Lima, había sido abandonado en la vía pública y un lugareño lo
había atado en su campo para prevenir accidentes.
