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jueves, 27 de marzo de 2014

Reacciones ante amenaza de desalojo

Vecinos de Scully y ruta 7
San Andrés de Giles.  En procura de llamar la atención del intendente Carlos Puglelli sobre su angustiosa situación, vecinos del asentamiento de ruta 7 y Scully cortaron el lunes 17 esa avenida por unas cuantas horas.  Hasta el momento, ésta y otras manifestaciones, que incluye sentadas frente al palacio municipal,  no han logrado retrotraer las acciones legales que el municipio interpuso y por las que unas cuarenta y cinco familias afrontan una orden de desalojo. 


El predio, de unas diez hectáreas cedido por Vialidad Nacional al municipio, empezó a ser ocupado de manera irregular desde fines de 2012; había sido pedido por el ex intendente Luis Ghione con la idea de construir un plan de en principio unas cincuenta viviendas.
María y Mirta, dos vecinas participantes de estas protestas, justificaron su accionar. “El municipio nos prometió muchas cosas pero nunca nos dio una solución y acá estamos, la mayoría mujeres, porque nuestros maridos ahora están trabajando; nosotros somos las mujeres de los supuestamente ‘vagos’”, expuso Mirta.  Fundamentos para evitar el desalojo hay, “si nos sacan de acá, nos vamos a la plaza, no tenemos otro lugar”. 
Convocados por Puglelli, el secretario de Gobierno Tomás Arriondo y el coordinador de Seguridad José Paulino, una oferta de dejar el predio a cambio de hacerse cargo el municipio de unos meses de alquiler, resulta inconsistente.  Al margen de que hay muchos con empleo informal, el alquiler también escapa a las posibilidades de quienes trabajan en blanco. “Y después de que pasaron esos meses, ¿qué hacemos?: si estamos acá es porque no nos alcanza la plata para pagar un alquiler”, expone María.      Igualmente, advierte Mirta, el construir la vivienda en el predio de un familiar directo no está dentro de sus posibilidades,  “nos dicen que nos van a ayudar con material pero no nos pueden venir a versear, siempre con la misma cosa para todos los vecinos; estamos cansados de promesas”.  En el marco de promesas, el tiempo transcurre sin una solución,  “hace un año y ocho meses que estamos acá;  cuando llueve estamos bajo el agua, ahora otra vez nos viene el invierno y ellos no tienen solución para nosotros; una sola vez se acercaron para ayudarnos, cuando nos inundamos trajeron ocho colchones, dijeron que iban a abrir la calle y otras cosas pero se fueron y nunca hicieron nada”.