Medicación
y obesidad
Capitán
Sarmiento. Raúl Murray, médico
nutricionista, expuso en una conferencia realizada en la ciudad de México
organizada por la Sociedad Mexicana de Obesidad, a la que fue invitado en su
calidad de vicepresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición junto con otras
autoridades de esa entidad.
A
pocos días de su regreso, Murray comentó
que fue convocado para disertar, ante especialistas de México y de otros países
latinoamericanos, sobre el papel de la medicación en el país para el
tratamiento contra la obesidad.
“Dejando
de lado las recetas magistrales, no había en el mercado medicación contra la
obesidad, ahora hay tres drogas aprobadas”, explica Murray. La entidad que aquí rige el mercado farmacológico, la Administración Nacional de Medicamentos,
Alimentos y Tecnología Médica, es estricta, y responde a lo que ocurrió con las anfetaminas y otras drogas, “en la
década del 60, cincuenta años atrás, prácticamente las anfetaminas eran de
venta libre y llevó a que muchos
pacientes tuvieran efectos adversos serios, acá no hay controles, en general en
nuestro país no se controla nada”. Así,
“hay uno solo de los tres productos que está bajo venta de receta común; los
otros dos están bajo venta de receta oficial; es como que la Anmat considera
que para que un medicamento sea aprobado para la obesidad tiene que ser más
bueno que el Quaker cuando es muy difícil que no tenga algún efecto adverso o
contraindicación; el problema no es la droga sino cómo se toma; como bien dice
la frase de Paracelso, la diferencia entre medicamento y veneno es la
dosis”.
Controles
mediante, la realidad de México es diferente, “tienen más de quince drogas
aprobadas y algunas que acá están prohibidas desde hace muchos años, pero allá
son dadas únicamente por médicos; las farmacias no venden un medicamento de
este tipo si no está autorizado, cosa que en nuestro país lamentablemente no
pasa”.
Si
bien en general la medicación se indica para tratar la obesidad mórbida (tratamiento
que contempla la cirugía bariátrica), Murray no la descarta para tratar el
sobrepeso, “la ansiedad impide parar de comer; la mayor parte de los gordos lo
son no por comer en gran cantidad sino por comer en forma desordenada, picotean
todo el día; a esos pacientes les es muy difícil ingresar en un esquema de
dieta alimentaria y sí les ayuda la medicación”. En el marco de un tratamiento, “es un soporte
para cortar la ansiedad, el paciente sufre menos al no sentir esa compulsión a
estar picoteando, le permite empezar a estructurarse, es un bastón que le ayuda
a afirmarse hasta llegar a su peso”.
Logrado
el equilibrio, se debe estar atento, “los medicamentos, como tampoco la cirugía,
curan la obesidad, que ha de ser una de las enfermedades con mayor recidivas
y por eso, para no generar el efecto
rebote, en el proceso de llegar al peso hay que ir generando cambios en la
conducta alimentaría”.
