Personajes del Pago
San Antonio de Areco. Teresita Scarano, militante peronista desde su juventud, ha
trabajado durante muchísimos años en esta localidad, siempre con un perfil bajo
y nunca con el objetivo de ocupar un cargo. Como ella misma se define, ha sido
“una militante de base”, en contacto con la gente, acompañando a los vecinos de
los distintos barrios en lo que estuvo a su alcance.
Hija de Vicente y
Ester, su familia nunca tuvo relación con la política, su padre era conservador
como una forma de devolver algún tipo de ayuda recibida, “cuando empecé a
militar le dije ‘tenés que sacarte el pañuelo rojo’ y empecé a contarle qué era
el conservadurismo, -y mucho más por el hecho de- que nosotros veníamos de una
raíz humilde. Lo convencí”. Teresita se
define como peronista “hasta los tuétanos”, su referente esencial fue Eva
Perón, “la amé, me pareció la mujer más maravillosa y es un sentimiento
inalterable”.
Por los más necesitados
Su militancia no fue
“un trabajo”, ya que le resultaba “muy fácil luchar por los más necesitados y
la inclusión social, es una cosa que
siento, no es ningún sacrificio trabajar con las personas y luchar por sus derechos (…) No he sido una
militante full time, pero siempre he estado presente, actuando. De todos modos
un militante lo es hasta que se muere”, definió.
Recuerda que comenzó
muy joven, a partir de haber compartido
reuniones en un grupo del que formaban parte “Fierrito” Pereyra y Emilio Barletti, “era la chica de los
mandados en esa época. Trabajábamos en los barrios”, y entre las tareas a la
que se sumó fue, por ejemplo, la construcción de veredas junto a los mismos
habitantes de los barrios. Vivía ese momento con mucha alegría, “lo que tenía
esa época -la década del 70- era una
mística, era la época de Nicaragüa. Una mística que me parece que se terminó
(…) nadie pensaba en la plata, ningún
interés, teníamos buenos referentes y así es más fácil”.
Scarano recuerda a
muchos compañeros excepcionales, entre ellos mencionó a Emilio Barletti, “el
ser más maravilloso que he tenido cerca en la militancia. Tuve compañeros
excepcionales siempre –mencionó entre muchos a Emilio Pérsico, Javier
Legarreta, Marta Roldán-”. Con respecto a Emilio Barletti señaló que tanto él
como Luis Perac vivían en Buenos Aires y venían a Areco los fines de semana,
momento en que se reunían para concretar el trabajo en los barrios, “que era mi
función, siempre fui militante de base, es el lugar donde mejor me siento,
donde me muevo con más tranquilidad y donde me siento querida y respetada. Hoy
voy a los barrios y siento lo mismo, a pesar del cambio de generaciones”.
Organizaban
actividades para los niños del lugar en cada oportunidad que tenían, “juntábamos
un montón de chicos en un camión y con Emilio los llevábamos a pasear”, en
alguna oportunidad, recuerda que disfrutaban “molestando”, parándose frente a
la Intendencia, a cargo de Juan Carlos Tapia, donde gritaban “¡Montoneros
carajo!”, situación que analiza ahora como casi un juego de niños, “con el tiempo me di cuenta de la dimensión
que tenía eso. Cuando uno es muy joven es impulsivo y no me daba cuenta de las
consecuencias que esa actitud podía tener. Después, cuando se corrió la voz de
que éramos montoneros me asusté mucho, porque estaba en la parte política de
montoneros pero nunca había tenido nada que ver con la guerrilla”.
La muerte de Emilio
Barletti –en la masacre de los Palotinos, julio 1976- fue conmocionante,
“estábamos inmovilizados (…) un dolor impresionante. Emilio no tenía la más
mínima maldad. Era un ser angelado”. En el mismo momento Perac y su esposa
habían sido detenidos, y por alguna influencia familiar lograron acceder al
exilio a través de la ayuda de un miembro de la Iglesia.
Al regreso de la
democracia en 1983 encontró rápidamente una forma de participar, “no me podía
quedar quieta, ayudaba a los presos políticos, incluso a algunos que no eran
peronistas”.
Su participación se
extendió desde los 70 hasta la aparición de Menem, “ahí me fui, no me gustó (…)
fue más que nada algo intuitivo y con el tiempo me di cuenta de que no me había
equivocado”.
Más adelante regresó a
la vida política activa acompañando a Aldo Menconi, “lo hice con todo mi
amor, a pesar de que no pienso como él,
nos queremos mucho”, también puso su trabajo a disposición de Francisco Durañona en 2007, “me gustó
acompañarlo. Después vino la irrupción de los jóvenes y me pareció que no le
hacía falta a Paco”.
Recuperar la mística
Ante la consulta sobre
si su amplia experiencia militante no sería de utilidad en este momento,
consideró que podría quizás aportar en lo que, según su visión, sería una
necesidad en parte de la militancia joven actual, “que tengan un poco de
mística, que tomen la política como una cosa casi religiosa, es muy delicada,
si no tenés conciencia política podés cometer muchos errores y hacer mucho
daño”. Nota que sería de utilidad una mayor formación, “más lectura”, para
enriquecer las discusiones, el análisis, “por ahí me equivoco pero me parece
ver un cassette puesto con tres o cuatro consignas”, situación que no
generaliza ya que sabe que hay “militantes de lujo” y además destaca como
extremadamente positivo el regreso de los jóvenes a la participación. Cree
fundamental transmitir la conciencia de que un compañero es como un hermano.
Si bien se define como
“un volcán en erupción. No dejo nunca de pensar en política”, su vida
transcurre con más tranquilidad, se mantiene informada sobre la situación
del país y del mundo, lee
constantemente, hace actividad física con regularidad, comparte momentos con su
familia y sus amigos, “estoy muy bien espiritualmente. Disfruto de la vida”,
afirmó.
