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jueves, 19 de diciembre de 2013

Scarano: “Siempre fui militante de base”

Personajes del Pago
San Antonio de Areco. Teresita Scarano, militante peronista desde su juventud, ha trabajado durante muchísimos años en esta localidad, siempre con un perfil bajo y nunca con el objetivo de ocupar un cargo. Como ella misma se define, ha sido “una militante de base”, en contacto con la gente, acompañando a los vecinos de los distintos barrios en lo que estuvo a su alcance. 
Hoy, alejada de alguna manera de su militancia –ya que considera que nunca es posible alejarse del todo-, recuerda algunos momentos de una época de fuertes ideales, brinda una visión enriquecedora de la política y muestra que en todo el trayecto hasta ahora recorrido con su vida ha logrado un crecimiento.
Hija de Vicente y Ester, su familia nunca tuvo relación con la política, su padre era conservador como una forma de devolver algún tipo de ayuda recibida, “cuando empecé a militar le dije ‘tenés que sacarte el pañuelo rojo’ y empecé a contarle qué era el conservadurismo, -y mucho más por el hecho de- que nosotros veníamos de una raíz humilde. Lo convencí”.  Teresita se define como peronista “hasta los tuétanos”, su referente esencial fue Eva Perón, “la amé, me pareció la mujer más maravillosa y es un sentimiento inalterable”.
Por los más necesitados
Su militancia no fue “un trabajo”, ya que le resultaba “muy fácil luchar por los más necesitados y la inclusión social, es una cosa que  siento, no es ningún sacrificio trabajar con las personas y  luchar por sus derechos (…) No he sido una militante full time, pero siempre he estado presente, actuando. De todos modos un militante lo es hasta que se muere”, definió.
Recuerda que comenzó muy joven,  a partir de haber compartido reuniones en un grupo del que formaban parte “Fierrito” Pereyra  y Emilio Barletti, “era la chica de los mandados en esa época. Trabajábamos en los barrios”, y entre las tareas a la que se sumó fue, por ejemplo, la construcción de veredas junto a los mismos habitantes de los barrios. Vivía ese momento con mucha alegría, “lo que tenía esa época  -la década del 70- era una mística, era la época de Nicaragüa. Una mística que me parece que se terminó (…) nadie pensaba en la plata,  ningún interés, teníamos buenos referentes y así es más fácil”.
Scarano recuerda a muchos compañeros excepcionales, entre ellos mencionó a Emilio Barletti, “el ser más maravilloso que he tenido cerca en la militancia. Tuve compañeros excepcionales siempre –mencionó entre muchos a Emilio Pérsico, Javier Legarreta, Marta Roldán-”. Con respecto a Emilio Barletti señaló que tanto él como Luis Perac vivían en Buenos Aires y venían a Areco los fines de semana, momento en que se reunían para concretar el trabajo en los barrios, “que era mi función, siempre fui militante de base, es el lugar donde mejor me siento, donde me muevo con más tranquilidad y donde me siento querida y respetada. Hoy voy a los barrios y siento lo mismo, a pesar del cambio de generaciones”.
Organizaban actividades para los niños del lugar en cada oportunidad que tenían, “juntábamos un montón de chicos en un camión y con Emilio los llevábamos a pasear”, en alguna oportunidad, recuerda que disfrutaban “molestando”, parándose frente a la Intendencia, a cargo de Juan Carlos Tapia, donde gritaban “¡Montoneros carajo!”, situación que analiza ahora como casi un juego de niños,  “con el tiempo me di cuenta de la dimensión que tenía eso. Cuando uno es muy joven es impulsivo y no me daba cuenta de las consecuencias que esa actitud podía tener. Después, cuando se corrió la voz de que éramos montoneros me asusté mucho, porque estaba en la parte política de montoneros pero nunca había tenido nada que ver con la guerrilla”.
La muerte de Emilio Barletti –en la masacre de los Palotinos, julio 1976- fue conmocionante, “estábamos inmovilizados (…) un dolor impresionante. Emilio no tenía la más mínima maldad. Era un ser angelado”. En el mismo momento Perac y su esposa habían sido detenidos, y por alguna influencia familiar lograron acceder al exilio a través de la ayuda de un miembro de la Iglesia.
Al regreso de la democracia en 1983 encontró rápidamente una forma de participar, “no me podía quedar quieta, ayudaba a los presos políticos, incluso a algunos que no eran peronistas”.
Su participación se extendió desde los 70 hasta la aparición de Menem, “ahí me fui, no me gustó (…) fue más que nada algo intuitivo y con el tiempo me di cuenta de que no me había equivocado”.
Más adelante regresó a la vida política activa acompañando a Aldo Menconi, “lo hice con todo mi amor,  a pesar de que no pienso como él, nos queremos mucho”, también puso su trabajo a disposición de  Francisco Durañona en 2007, “me gustó acompañarlo. Después vino la irrupción de los jóvenes y me pareció que no le hacía falta a Paco”.
Recuperar la mística
Ante la consulta sobre si su amplia experiencia militante no sería de utilidad en este momento, consideró que podría quizás aportar en lo que, según su visión, sería una necesidad en parte de la militancia joven actual, “que tengan un poco de mística, que tomen la política como una cosa casi religiosa, es muy delicada, si no tenés conciencia política podés cometer muchos errores y hacer mucho daño”. Nota que sería de utilidad una mayor formación, “más lectura”, para enriquecer las discusiones, el análisis, “por ahí me equivoco pero me parece ver un cassette puesto con tres o cuatro consignas”, situación que no generaliza ya que sabe que hay “militantes de lujo” y además destaca como extremadamente positivo el regreso de los jóvenes a la participación. Cree fundamental transmitir la conciencia de que un compañero es como un hermano.

Si bien se define como “un volcán en erupción. No dejo nunca de pensar en política”, su vida transcurre con más tranquilidad, se mantiene informada sobre la situación del  país y del mundo, lee constantemente, hace actividad física con regularidad, comparte momentos con su familia y sus amigos, “estoy muy bien espiritualmente. Disfruto de la vida”, afirmó.