Integración Wichi. Un grupo trabaja para la transformación de una dura realidad
San Antonio de Areco. José Luis Kittlein, quien fuera director de Defensa Civil
local, se refirió a la tarea solidaria que llevan adelante con el grupo
Integración Wichi, mediante el cual acercan a algunas comunidades del
Impenetrable Chaco salteño, distintos elementos indispensables como alimentos y
medicamentos, además de conformar proyectos para que esas comunidades puedan
crecer en aspectos educativos y sanitarios.
Kittlein es el único
integrante arequero de ese grupo, si bien en algunos de los distintos viajes
que están realizando desde el año 2006 ha contado con la compañía de otros
conciudadanos. Esta tarea comenzó con un viaje en aquel año, que no cubrió las
expectativas de Kittlein, ya que con el grupo al que se había sumado, llegaron
al lugar, “arrojaron”, literalmente, las
cosas que llevaban, generando un acto casi desesperado de la gente que los
recibía para poder apoderarse de algo. Luego de eso partieron. Este modo de actuar disgustó tanto a Kittlein
como a un matrimonio que integraba el grupo, por lo que decidieron conformar
otro que tuviera una modalidad más humana y que no estuviera ligado a la
política partidaria.
De esta manera
decidieron continuar con el objetivo solidario y para eso se organizaron, hicieron un viaje de relevamiento para
definir dónde apuntarían con la ayuda. Con los datos recogidos decidieron que
colaborarían con cuatro escuelas y la comunidad wichi La Esperanza, lo que
sumaba a unas 4000 personas.
“Vamos a Fortín
Belgrano, Salta, el limite Chaco, Salta, Formosa, para llegar hay que transitar 1200 kilómetros de
pavimento, y después internamos en el
Impenetrable Chaco salteño y hacemos 160 kilómetros de tierra, con situaciones muy disímiles, época
de seca, barro, lugares donde no se puede pasar”.
Encuentran necesidades
extremas, pero también “humildad y pobreza con dignidad. Son los lugares menos
contaminados con los políticos pero no tienen ningún tipo de apoyo”. Les
acercan alimentos, medicamentos, ropa, utensilios para cocina, útiles
escolares, entre muchas otras cosas, “nosotros solo somos transportadores”,
señala Kittlein, para indicar que los elementos son donados por mucha gente que
hace ese importantísimo aporte.
La modalidad que
adoptaron desde Integración Wichi, en realidad es mucho más que ser
transportadores, ya que llegan al lugar y conviven con la comunidad durante una
semana, donde se genera un intercambio profundo y en ambos sentidos. La tarea
del grupo no se circunscribe solamente a la entrega de las donaciones, sino que
incluye la distribución de información sobre medidas preventivas en salud, y la
concreción de proyectos como ampliación de aulas, excavación de pozos de agua,
potabilización del agua, comunicación a través de internet satelital.
Solidaridad con dignidad
Acordaron un sistema
de entrega que se aleja de la dádiva. En el caso de una de las escuelas por
ejemplo, los integrantes de la comunidad educativa construyeron aulas bajo la
dirección del director del establecimiento , quien establecía el pago de las
horas de trabajo con elementos que habían sido donados, como un modo de
permitirle la dignidad a quienes recibían esos elementos. Así, la misma comunidad es la responsable de
haber convertido una escuela rancho en una entidad que ahora cuenta con la
primera sala de computación del Impenetrable.
El agua, elemento indispensable
Otro de los logros del
grupo es haber ayudado a que los integrantes de la comunidad dejaran de beber
agua de los charcos o bañados, con las consecuencias nefastas para su salud,
aprendieron a potabilizarla con gotitas de lavandina. Integración Wichi consiguió además comprar
tres bombas de agua a energía solar, al
precio de una, por lo que se cavaron pozos y se colocaron las bombas. La
disposición de agua en el lugar durante todo el año, les permite ahora tener a
los animales en corrales –fabricaron sus propios ladrillos para hacerlos-, y
hacer quintas. El siguiente proyecto apunta a colocar un tanque en cada casa de
la comunidad La Esperanza, para que sus habitantes tengan el agua a su
disposición.
En comunicación les
instalaron una radio VHS para que puedan estar en contacto con el hospital. En
una de las escuelas, y gracias al pago de meses de abono de un arequero
solidario, pudieron llevar un equipo de televisión e internet satelital con
paneles solares.
En uno de los viajes,
llevaron bicicletas, ya que lo habitual es que los chicos deban caminar entre 4
y 8 kilómetros para llegar a la escuela, lo que les implica levantarse muy
temprano –a las 4 de la mañana en algunos casos-.
Salud
Otro aporte fue un
acuerdo con la Facultad de Odontología y con la de Oftalmología de La Plata,
mediante el cual un grupo de profesionales y estudiantes del último año, fueron
a hacer un relevamiento, para luego continuar con la tarea de atender a los
miembros de la comunidad y transmitirles enseñanzas que apunten a la
prevención. Ahora proyectan un acuerdo
con una ONG médica, para incluir este servicio también.
Cambiar la realidad
Todo esto tiene una
gran ventaja para quienes realizan esta tarea solidaria, “sabés con qué nos
pagan”, preguntó Kittlein y se respondió, “con la sonrisa de cada chico, y
estamos bien pagos”, quien encontró difícil transmitir la experiencia que viven
en cada uno de estos viajes, unos dos por año, “ahí se afloja hasta el más
duro”, aseguró, ya que además de trabajar para cambiar en lo posible la difícil
realidad de estos argentinos, el efecto en quien ayuda es de una mayor toma de
conciencia de la propia realidad, lo que no es poca cosa.
Conforman Integración
Wichi, además de Kittlein, ciudadanos de La Plata, de 25 de Mayo, Zárate, Villa
Ballester, Córdoba, Rosario, Corrientes, Chaco, Capital Federal. Para conocer un poco más de esta tarea se
puede ingresar en Facebook a: AyudaWichi-Solidarios
Kittlein.