Las autoridades solo detectaron
exceso de público en el local de Santo Verano
San Antonio de Areco.- Al resultar
hospitalizada una menor por estado de ebriedad el domingo 8 de diciembre,
miembros del gabinete de Prevención y personal de la Secretaría de Justicia y
Seguridad inspeccionaron el local de Santo Verano situado en el boulevard
Zerboni, frente al Polideportivo, espacio desde donde fue llevada al Hospital
la adolescente afectada por la ingesta de alcohol.
Luego
de recibir las atenciones médicas correspondientes, la menor asistida por
ebriedad se recuperó y fue dada de alta, fue retirada del Hospital por sus padres.
La
fiesta de egresados del Colegio Santa María se inició en Santo Verano en las
primeras horas del domingo, asistió público en general además de los
estudiantes que festejaron su promoción del ciclo secundario.
Al
ingresar las autoridades al lugar el mismo día domingo, no constataron venta de
alcohol a menores pero sí exceso de capacidad ocupacional por lo que
solicitaron que se apagara la música, se prendieran las luces y se finalizara
la fiesta. Inmediatamente procedieron a la clausura del establecimiento y le
dieron intervención al Juzgado de Paz.
El
subcomisario Pablo Lescano advirtió que los próximos fines de semana
continuarán las fiscalizaciones en los locales nocturnos.
Respecto
a que las autoridades no hayan encontrado evidencia de venta de alcohol, no
implica que no la hubiera. Bajo la modalidad de venta previa de entradas, los
asistentes disponían de cuatro consumiciones
libres de bebidas, entre ellas varias opciones de tragos con alcohol que
muchos adolescentes consumieron en el lugar.
El mismo perro con distinto collar
Se
presentaron distintos argumentos acerca de si existió o no venta de alcohol en
este caso. En realidad se está hablando del mismo perro al que se le pretende
cambiar el collar. La manera de comercializar las bebidas no cambia la cuestión
de fondo. Ya sea que se paga por alcohol en el mostrador, o que el trago esté
incluido en el valor de la entrada, lo que debe ser atendido es que existe
consumo de bebidas prohibidas por parte de menores en lugares de concurrencia
masiva donde no debieran tener acceso, según lo establece la ley.
En
estas fiestas de egresados como en tantas otras denominadas “privadas” a las
que se asiste mediante el pago anticipado de una entrada que incluye tragos
libres los jóvenes acceden a cantidades de alcohol que ponen en riesgo su salud
a corto plazo y a futuro.
Lo
curioso y hasta alarmante es que muchos padres, algunos en el doble rol de
padres y docentes, son testigos y hasta conocedores con anticipación de este
tipo de situaciones sin que actúen para evitarlas.
Otro
pretendido justificativo es aquel que indica que de todos modos los
adolescentes se emborrachan en las llamadas “previas” a la salida a los
boliches. Se trata de reuniones conformadas por entre tres a diez jóvenes que en su mayoría se
desarrollan en los hogares en presencia de los padres.
