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sábado, 26 de octubre de 2013

Tránsito sin control. Calles de nadie

Capitán Sarmiento.  La comunidad padece la desaprensión de quienes transitan en moto con escape libre por la ciudad a cualquier hora del día y de la noche, y la vecina Nancy Arroyo expuso su malestar.  El escape libre altera la convivencia, “suelo ir a la tarde a tomar mate con mis viejos pero los muchachitos agarran de pista la Roque Sáenz Peña, se acuestan arriba del asiento,  hacen payasadas delante de los autos”.  


En toda la ciudad, el riesgo está latente.  Días pasados, yendo en auto con su marido, le tocó sufrir una situación de riesgo, “esperábamos el semáforo frente a la Shell y ahí se nos cruza adelante una barrita como de quince borregos, acelerando, avalanzando las motos, riéndosenos en la cara”.  Su marido pudo aprehender a uno de ellos, “lo agarró atrás de la Liga y le dijo, ‘vos no te movés hasta que no venga la policía’, porque llamamos a la policía, detrás nuestro venía otro auto corriendo a uno de los chicos pero se le escapó y no lo pudo agarrar; vino la policía y le explicamos lo que había pasado, hicimos la denuncia”.   El desborde es diario,   “esto ya es una locura; estos chicos nos agarran de pelotudos, se burlan de la gente, se piensan que están en el Dakar o no sé qué carajo, no piensan ni en su propia vida; perdón por las palabras pero todavía estoy muy nerviosa, mi nene lloraba”. 
¿Padres?
Ante el descontrol, apela a la responsabilidad de los adultos,  “los responsables son los papás, el personal de tránsito también tiene derecho a descansar; seamos todos un poquito responsables; soy mamá, cuando ando con mi hija en bicicleta por el pueblo ando a los gritos, ‘cuidado acá, cuidado allá’, pero estos guachitos son dueños de la calle, y si choco a uno con el auto todavía lo tengo que pagar por bueno”.  Y las consecuencias del accidente pueden ser fatales, “¿y qué hago con un chico muerto?; ¿qué le digo a los padres?”. 
Otra vecina, de apellido Príncipe, contó sobre su reciente experiencia.  “El domingo cuando entrábamos por Roque Sáenz Peña se pararon de golpe tres motos; por suerte mi marido venía despacio sino los lleva por delante; no le daban paso a la gente, hacían willy; después arrancaban para el centro a todo lo que da y no había un patrullero, nada; llamé al 911 pero no me atendieron”.