Estar deprimido no es estar triste
En
conversación con el Licenciado Fernando Dawidzon, psicólogo dedicado a la
atención de pacientes Adultos y Adultos Mayores, nos alerta sobre algunas
cuestiones que puedan ayudar a las personas de la Tercera
Edad o al familiar o cuidador
que esté a su cargo para saber si están atravesando una depresión y cuáles son
las vías posibles para superarla.
¿Cómo podemos detectar si una persona está
deprimida?
Yo no
hablaría de detectar porque a un familiar o a un cuidador, o al adulto mayor
mismo, no se le puede cargar con esa responsabilidad, que es propia de un
profesional. Quizás pondría el acento en los indicios que podemos observar en
la convivencia, es decir, qué actos o qué situaciones nos están dando pistas
para pensar que un adulto mayor está atravesando una depresión. Un indicador
puede ser que desde hace un tiempo atrás, por ejemplo 1 ó 2 meses, su
cotidianeidad es diferente. Los cambios pueden notarse en el desánimo para
salir, hablar y relacionarse con otros; o hacer actividades que solían
disfrutar como la lectura, los juegos con amigos o los paseos, por ejemplo.
También la pérdida de apetito, la falta de sueño, las quejas por dolores
inespecíficos o la menor frecuencia en el baño y el aseo personal. Son muchas
las cosas que nos pueden servir como indicadores pero éstas que nombro son muy
cotidianas y muy importantes porque favorecen o perjudican la convivencia con
el entorno familiar y social. Igualmente ninguno de esos cambios habla por sí
solo. Quiero decir con esto que cada uno de estos hábitos que se pueden
observar no define el cuadro sintomático de una depresión sino que son, más
bien, indicios.
¿Muchas veces se puede confundir a la
depresión con la tristeza?
Es
interesante la pregunta porque confundir tiene que ver con la dificultad de
diferenciar, y el estado anímico de alguien que puede estar deprimido es que
todo le dé lo mismo.
La
dificultad de confundir tristeza con depresión se origina porque se parte del
prejuicio que la depresión en la Tercera Edad es
común y que es frecuente que los adultos mayores vivan esa etapa de la vida con
tristeza.
Pero
diferenciemos: en toda depresión está presente la tristeza, pero la tristeza no
siempre es un componente de la depresión. La tristeza es un afecto, digamos,
normal y no sólo en la vejez. Todos en algún momento de la vida atravesamos por
este sentimiento. Lo podemos notar cuando nos sentimos mal de ánimo,
desesperanzados, pesimistas o faltos de motivación.
En
cambio, la depresión no es normal en la vejez ni tampoco en otras etapas de la
vida. Y el tiempo, es un signo importante a destacar frente a esta situación.
¿Por qué? Porque por ejemplo si pensamos
en un duelo por la pérdida de alguien querido, seguramente la persona
atravesará por un tiempo, digamos, una honda tristeza. Pero si esa tristeza se
profundiza y extiende temporalmente, transformando el ánimo y la vida cotidiana
de la persona, ya deja de ser tristeza y puede dar lugar a una depresión.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo ayudar frente a
una situación de depresión en la tercera edad?
Es
importante el rol de la familia o la persona que esté al cuidado del adulto
mayor, especialmente para estimularlo, pero sin presiones. Siempre es
importante acompañarlo, incentivarlo a salir a caminar, ayudarlo a participar
de grupos de reflexión, talleres, propuestas de la comunidad, reunirse con
familiares o amigos, conectarse con actividades que eran de su agrado, etc.
También
si encuentran indicios de que algunas conductas o quehaceres cotidianos han
empezado a declinar, la consulta con un profesional posibilitará despejar dudas
y eso aliviará a la persona que lo está cuidando o al adulto mayor mismo.
Pero,
aunque quizás demanda mayor esfuerzo, también es el mismo adulto mayor el que
puede buscar estas alternativas, que son un posible camino para sentirse mejor
y disfrutar de manera más plena de esta etapa de la vida.