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sábado, 7 de septiembre de 2013

Lossino, “sentimos una desatención médica”

Hospital San Andrés, cuestionado
San Andrés de Giles.  Entre los temas tratados en la sesión del pasado miércoles 28 de agosto, quien preside el Concejo Deliberante, Marcelo Lossino, expuso una queja hacia el hospital municipal San Andrés, considerando que su padre no recibió allí el tratamiento adecuado a la enfermedad, de la cual hoy se recupera lentamente en un sanatorio en La Plata. 


Lossino relató que el problema de salud de su padre se inició unos dos meses atrás, cuando ya recuperado de una dolencia bronquial, su médico, ante un estado de ansiedad creciente, aconsejó su internación, para lo cual se recurrió al hospital San Andrés. 
En esta instancia, sin nada que objetar a la atención de enfermeras y mucamas, Lossino detectó falencias  en falta de estudios específicos o hechos a destiempo, “sentimos una desatención médica que nos llamó muchísimo la atención”.
Pasados los días sin reaccionar su padre al tratamiento (“la atención que recibe mi padre cuando entra al hospital es caratulada como atención psiquiátrica”), se considera su internación en terapia intensiva. Entonces, “el terapista le recrimina a mi hermana por qué estaba tan deshidratado, cómo habiendo médicos en la familia habíamos permitido que llegara a ese estado; ahí ella le respondió que ya hacía veintiún días que estaba internado en piso, no era que habíamos dejado que se viniera abajo en casa”. 
Ya en terapia intensiva, pasado un par de días, al consultar a uno de los terapistas sobre  una desconexión marcada y sostenida con la realidad que observa en su padre, éste le informa sobre una medicación suministrada tendiente a sedarlo. Al tercer día y ante la misma consulta pero a otro terapista (“por suerte se iluminó”), se resuelve suministrar un antídoto para contrarrestar el efecto sedativo, “ahí mi padre se conecta unos minutos antes de volver a dormirse”. 
Benzodiazepina
Analizado el desarrollo de la atención y lo sucedido con esa medicación, no fue sencillo    lograr el traslado al Sanatorio Argentino, en La Plata,  “nos costó horrores conseguir una cama; no conseguíamos ni pagando”. Allí lo primero fue brindar respiración artificial y hacer un lavado de estómago, “y ahí, tras 72 horas de estar internado, mi padre se despierta”.   El informe del jefe de Terapia de ese sanatorio indicó que se había detectado en los análisis una sobredosis de droga (“altísimas concentraciones de benzodiazepina”), aun cuando los efectos de esa droga no se extienden por más  72 horas y ésta había sido suspendida, de acuerdo a la  historia clínica del hospital San Andrés, desde trece días antes del traslado.
De la directora del hospital Ledda Castello, quien había participado en la  decisión de cortar todo tipo de medicación, no obtuvo una explicación al informarle sobre esta intoxicación con benzodiazepina, “no pudo dar una explicación”.   
A dos meses de haber ingresado su padre al hospital San Andrés caminando, observa Lossino, la mejoría llega lentamente y dejando atrás respirador artificial, traqueotomía, escaras, pérdida de cuarenta kilos, “es una película de terror lo que hemos estado viviendo”.  Rehabilitación kinesiológica mediante, “hoy mi padre está saliendo, de acá a dos meses va a poder volver a caminar”. Y si está vivo, “es porque gracias a Dios sus hijos más o menos pudimos ver lo que estaba pensando, darnos cuenta que en la terapia intensiva de Giles se nos estaba muriendo”. 
Factor humano
A diferencia de lo que le sugirió un médico de terapia del hospital San Andrés, su padre no está senil. Hasta antes de internarse,  “una persona de 70 años que maneja, sacó el registro, si tiene que quedarse solo en su casa se queda; camina de seis a siete kilómetros por día; todo el que sale a caminar temprano por Giles lo ve a mi viejo”.  Quien le dio este diagnóstico, “es el médico que estaba en terapia ese domingo y el que me dijo, ‘estaba inquieto, le dimos algo para tranquilizarlo’”.  También, observó  Lossino, se trata del mismo médico que años atrás provocara la renuncia de su hermana a un cargo en el hospital, el que había ganado por concurso en su especialidad, diabetes. “Este médico que hoy tiene un cargo en el hospital le dijo a mi hermana, ‘no, piba, vos estás confundida si querés hacer medicina en Giles; vos tenés que venir un ratito acá, dar una vuelta, firmar y cobrar; esto no es un hospital, esto es una salita de primeros auxilios’”. 
Cualquiera sea la edad del paciente y su enfermedad, la atención debe estar garantizada, “no podemos dejar que se nos vayan los pacientes porque consideramos que son viejos, y así sean viejos y tengan 95 años, ¿no tienen derecho a morir dignamente?”.   
Que hoy  el hospital San Andrés cuente con la última tecnología, observa Lossino, no resulta   suficiente, “muchas veces lo tecnológico no reemplaza a lo que es el factor humano”.  De no contarse con ese factor, “me parece que toda esta tecnología no lleva a ninguna parte”.