Una forma de mejorar la relación con el propio cuerpo
San Antonio de Areco.
Bailar aporta muchos beneficios a la salud, entrena la capacidad
cardiorrespiratoria –la American Heart
Association recomienda el baile como ejercicio aeróbico para reducir los
riesgos de las enfermedades del corazón-, ayuda a controlar la presión
arterial, el colesterol y el azúcar en la sangre.
Mejora la postura, fortalece el sistema muscular, da mayor flexibilidad, disminuye el riesgo de osteoporosis, mejora la agilidad, la coordinación y el balance. Ayuda a liberar tensiones. Aumenta el nivel de energía porque incrementa la capacidad de resistencia para realizar cualquier actividad física y libera endorfinas, las hormonas de la felicidad que combaten el estrés.
Todas esas razones son parte del
objetivo que persigue Irene Wheeler con sus clases de coreografías, que también
incluyen algo de trabajo localizado. Después de varios años de estar alejada de
esta actividad, decidió regresar a sus clases de gimnasia pero en esta
oportunidad volcada casi completamente a bailar. “Opciones hay muchas en esta
ciudad, y personas con distintos perfiles que buscan diferentes formas de
ejercitarse, así que me decidí por lo que más disfruto, bailar”.
“En esta nueva etapa, vi las cosas
desde otro lugar. Si bien trabajo con el cuerpo de mis alumnas, mi mirada en
esta oportunidad no solo se concentró en el aspecto físico”, señala Wheeler,
“sino en algo integral, así decidí darle un perfil más lúdico al trabajo y
comenzamos a ‘jugar’, por llamarlo de alguna manera. Desde adolescentes hasta
señoras de 70 años se sumaron a la propuesta y recorren ritmos como el
merengue, cuarteto, reggaeton, dance, pop dance, streap dance, brasileños e
incluso africanos, y son parte de este movimiento que nos lleva a encarnar
durante una hora a una mujer sensual, a una conectada con la tierra o a una
divertida que celebra con todo su cuerpo lo que la música le dicta”.
No se persigue la perfección,
alcanzar a ser una excelente bailarina, sino lograr un movimiento seguro, que
no genere lesiones, y que obtenga los beneficios mencionados en el principio de
la nota, pero por sobre todas las cosas la meta es lograr una mejor relación
con el cuerpo, disfrutarlo. “Después de la adolescencia, las mujeres no tenemos
tantos espacios donde jugar. Y me satisface pensar que este es uno de ellos.
Realmente es muy placentero observar los cambios y el disfrute de mis alumnas,
ver esas sonrisas y escuchar sus risas durante el trabajo en clase convierten
esta tarea en algo sumamente rico para mí”.
Esta nueva relación con sus alumnas,
las reacciones que notó con la expresión de distintos ritmos, esos cuerpos que
hablaban mucho más que de armonía, fuerza, resistencia, flexibilidad, salud
física, la llevaron a querer profundizar en la conexión entre el movimiento y
la emoción, de ahí que inició una formación en danzaterapia arquetipal, basada
en la psicología analítica junguiana, para poder, en un futuro, aportar algo
más a quienes decidan profundizar la búsqueda de sí mismas por ese medio.
Consultas al 02325-15-404996
