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jueves, 15 de agosto de 2013

Una arequera en la Jornada Mundial de la Juventud

Valeria Reynoso compartió su experiencia
San Antonio de Areco. Con la emoción acumulada durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se desarrolló en Brasil desde el 22  al 28 de julio, millones de fieles cristianos retornaron a sus hogares y al tomar contacto con sus comunidades comenzaron a compartir la experiencia, para contagiar y “hacer lío” como pidió el Papa Francisco, que encabezó dicha Jornada. Valeria Reynoso, arequera estudiante de profesorado de Historia, es una de ellas.


Reynoso cuenta que a sus 24 años tuvo la posibilidad de asistir a la JMJ como parte del voluntariado. Es también catequista de los colegios Santa María y San Antonio. Si bien ya había asistido a la anterior JMJ en Madrid, este año lo vivió diferente ya que desempeñó un rol distinto. “Viví la de Madrid como peregrina, esta vez como voluntaria. Fue más trabajoso y cansador pero igual de emocionante”, admitió.
Describió los 20 días que estuvo en Río de Janeiro, lugar del gran encuentro mundial de la juventud. “La primer semana fue de formación, aprendimos cómo llegar a los lugares e informar al resto de los fieles”, Valeria se hospedó en el hogar de una familia brasileña, su tarea fue en los llamados puntos de información, donde se ubican los lugares para alimentación, transporte y cualquier duda que el peregrino tuviese. Además, en esos primeros días hubo formación de primeros auxilios y tácticas para llamar a las emergencias. “Ya a partir del viernes 19 comenzó el trabajo en una estación alejada del centro, con turnos de 6 horas”, relató, “la gente se veía muy contenta pero no se situaba en lo que era realmente el acontecimiento. Algunos no mantenían el clima y pugnaban por ganar espacios en primeras filas”.
Reynoso, viajó como parte de los seis fieles que fueron representando a la diócesis de Zárate-Campana, junto a  otro joven arequero, Emiliano Aguilar, quien fue como parte del grupo de Catedral.  “Gracias a la gran ayuda del sacerdote que solventó los gastos pudimos ir. El padre Santiago nos ofreció el viaje, y como Brasil es accesible aceptamos", explica Reynoso.
El momento central
Una vez comenzada la Jornada Mundial de la Juventud, propiamente dicha, ese lunes, los voluntarios fueron llamados para hacer “barrera humana” para que los jóvenes no se abalanzaran al pasar el Papa. “Hubo detalles desordenados de seguridad. Porque el Papa rompe el protocolo de seguridad, pero fue una gran alegría verlo pasar”, si bien fue un instante, la catequista manifiesta,  “estuve muy cerca, fue un momento muy lindo, al igual que el encuentro con todos los argentinos”.
Respecto del país, la catequista asegura “la alegría que irradian los brasileños demuestra que son católicos y buscan la salida de sus problemas. Hay mucha pobreza, gente durmiendo en la calle, gente disconforme con el gobierno, con el transporte, con todo esto del mundial de fútbol y los juegos olímpicos. Sin embargo, ellos están sonrientes todo el tiempo”.
Sensaciones
“Una de las experiencias más emocionantes fue la de estar junto a tres millones de jóvenes en la playa durmiendo, esperando a Francisco para la misa final. Había mucha gente de Latinoamérica”,  expresó, “por eso el idioma y la comunicación eran fáciles. Ya la próxima será en Polonia, no sé si iré, el lenguaje es muy complicado y queda demasiado lejos”.
Una vez finalizada la labor, “el vuelo se retrasó, lo cambiaron para una semana después, así que me sirvió para descansar y aprovechar el lugar”. Ya en Areco, la joven expresa su vivencia aprovechando para reflejarla en sus clases de catequesis, o volcarla en la Parroquia. “La idea de la Iglesia es seguir comunicando y contagiando a la gente, que está muy contenta con el Papa Francisco. Se acercan y ayudan a armar las fiestas patronales, la Semana Santa”. Como anticipo Reynoso comentó “ahora vamos a empezar con el proyecto de volver con la Virgen del Rosario, y cuando llegue la Navidad vamos a armar algo lindo para seguir trabajando”.