PRIMERA FILA - La verdad bien escrita - Alsina 394 (2760) San Antonio de Areco - Buenos Aires - Argentina - infoprimerafila@gmail.com

jueves, 22 de agosto de 2013

Lucía Soto. Hizo del cuidado de los enfermos un objetivo ineludible

Experiencia de vida
San Antonio de Areco-  Luego de 30 años de trabajar como enfermera,  Lucía Soto se jubiló y su expectativa es ahora,  compartir  más tiempo con su familia. Aunque no puede evitar permanecer al servicio de quien solicite su ayuda.


Empezó a trabajar a la edad de 30 años en esta profesión que descubrió tras perder a su esposo y su padre en el mismo año. “Yo era mucama, y pasar esa experiencia en el Hospital acompañando a mi padre y mi marido me hizo dar cuenta que mi verdadera vocación era esta. Se veía mucha necesidad en los enfermos pidiendo ser cuidados”.
Mientras trabajaba de empleada doméstica, completó el curso de enfermería. Hacía su trabajo en el hospital Zerboni cumpliendo doble turno e iba rotando entre las áreas de maternidad, cirugía, terapia y guardia, por lo que los casos eran muy variados y le otorgaron distintas experiencias.
La fuerza del cariño
 “Hay pacientes que van solos y son los que más necesitan contención. Uno piensa que el paciente es rezongón pero nunca sabe lo que pasa en su vida. Hay que dialogar y darle cariño”, reflexiona, “he recibido insultos pero yo no los oía, porque sabía que me necesitaban  y a través de la compañía las relaciones mejoraban”.
Lucía cuenta que el Hospital es su segundo hogar, ya que encontró allí mucho apoyo para finalizar sus estudios.  “La Hermana Teresa me ayudó. Es una gran familia a la que me integré siendo viuda y con hijos chicos”.  Este hogar, no sólo le abrió las puertas en lo laboral, sino que le permitió, a través de su trabajo, poder acceder a la casa propia.
Fue en el Hospital donde también experimentó otro de los momentos más importantes de su vida, “tengo una hija adoptiva de 20 años. La mujer a la que asistí en el parto me dijo que no podía criarla y yo no la quise abandonar. Es una más de la familia. Ella sabe que soy su mamá de corazón y que me alegró la vida. Cuando la recibí dejé de trabajar 4 años para dedicarme a ella”, relata emocionada.
Cerca de la gente
Lucía llegó a ser coordinadora de enfermería por 2 años, pero dejó el cargo ya que sentía que ese no era su lugar. Consideraba que debía estar más cerca de los enfermos. Por eso es que solo participó en dos paros, “yo no podía evitar ir a atender. Mientras estaba parada afuera pensaba si algún paciente estaba descompuesto, necesitándome”.
Sin llamados de atención en su legajo, asegura que siempre mantuvo buen trato con todo el personal,  “encontré muchos amigos y nunca tuve conflictos con ningún compañero ya sea médico, enfermera, mucama. Para mí son todas personas, somos todos iguales. Nadie es mejor por un cargo”, considera.
Indispensable vocación
Como consejo para quienes se deciden por esta vocación, Lucía alienta “les quiero decir que se brinden a los enfermos, que crean en ustedes porque tienen la capacidad, y que confíen en Dios que siempre nos ayuda”. Luego de meditarlo agrega, ”esto no es para cualquiera, tienen que tener vocación. No escuchar lo que opina su entorno, sino escuchar lo que pide el enfermo. Siempre mirar para adelante”.

Recientemente jubilada, puede compartir el mayor tiempo posible con su familia, con la tranquilidad de “haber cumplido. Ahora me toca disfrutar de otras cosas, aunque voy a extrañar todo aquello”. Pero esa situación no impide que reciba en su domicilio a quien la necesite. “A veces hay gente que me golpea la puerta de noche para que le tome la presión y yo los ayudo porque quizás no puede ir al Hospital o no se puede pagar el remis”, relata, siempre al servicio.