Serie de delitos
Capitán Sarmiento. El robo a comercios
ocurridos la semana anterior agrega otros dos vecinos a la lista de
damnificados, quienes expusieron sus reflexiones ante un accionar delictivo para el cual no ven en las
autoridades la adopción de una conducta firme.
En el caso del asalto a
una distribuidora, su propietario, Vicente “Lito” Alma, advirtió que se trata
del cuarto robo en el lapso de ocho meses.
Asentada la denuncia, no guarda muchas esperanzas, “lamentablemente lo
que pasa acá pasa en todas las localidades, cada vez hay menos seguridad; hoy
me tocó a mí, mañana le va a tocar a otro”.
En efecto, “estamos todos en la misma, nadie vive en una isla, nos
consolamos con decir ‘menos mal que no nos pasó nada a ninguno de nosotros’, no
es consuelo, pero hay que aceptarlo y seguir para adelante”.
En esta ocasión, además
de robar dinero y mercadería por un valor importante previo romper el sistema
de alarma, los delincuentes también
provocaron destrozos. “Me sentí muy mal,
esta vez rompieron muchas cosas, destruyeron la parte del escritorio, abrieron
todo, mucha cizaña”, señaló Alma El
saqueo fue importante, “cajas de vino López, azúcar, yerba, cajas de cerveza
Corona, Fernet, Gancia, unas cuantas cosas”. Con esto, le faltó una caja con
uniforme del personal con logos de bebidas, “esa ropa azul y gris, con los
logos de Pepsi y Quilmes, va a andar dando vueltas por la calle”. Las huellas de un auto quedaron marcadas,
“fueron dos o tres personas en auto”, y entiende que no actuaron
improvisadamente, “conocen muy bien el
movimiento”. Además, “se ve que
estuvieron muy cómodos, tomaron gaseosas, comieron papas fritas”. Sin resultado con los dispositivos de
seguridad hasta ahora adoptados, le queda adoptar medidas extremas, “sé que va
a ser muy jodido para la persona que se acerque pero bueno, a mi depósito no
entra más nadie”.
Carnicería
Jorge Barattini, al
frente de la carnicería La Marca sobre Clemente Salamero, destacó lo particular
del robo que sufrió. Ignorando el
sistema de alarma, los malvivientes, tras romper el blindex, desestimando el
vuelto que había en la caja registradora y la mercadería existente, se
limitaron a huir con la balanza del local. “Fueron derecho a la balanza y se la
llevaron, pero por más que aparezca no
sirve más, la tiraron del otro lado del terreno y la rompieron”, lamentó el
comerciante. Le consta que el suyo no es
un caso aislado, “entran todos los días en todos lados”. Cómo defenderse, no
sabe, “tampoco nos vamos a quedar a cuidar a la noche; qué: le damos un palo en
la cabeza y después quién es el delincuente; acá son las autoridades las que
tienen que tomar medidas”. Mientras
tanto, “hay que quedarse en el molde, no queda otra, a estos chicos no les
hacen nada, entran un lunes y salen el martes”.
Procurando tomar las cosas con calma, experimenta que no es fácil, “vinieron a hacer daño, nada
más, si hubiera sido por hambre se hubieran llevado mercadería”. Afrontar el arreglo de la puerta y reponer
la balanza no es simple, “es una cosa cara, sale 8 o 10 mil pesos, y se la
llevó rota”. Aun cuando asentó la
denuncia y personal policial levantó rastros, muchas esperanzas de
resarcimiento no tiene, “si lo agarran, qué le van a sacar al gaucho éste,
nada; que los dejen en cana y se solucionan todos los problemitas”.
