Es necesario poner vigilantes y mejorar el
cerramiento
San Antonio de Areco. El Cementerio fue objeto de destrozos. Patricio
Santos Ortega, museólogo que desarrolla tareas en el área de Patrimonio
Funerario, explicó que vándalos desconocidos
rompieron vidrios en una tapa de un nicho perteneciente a la familia
Gallo, y trataron de trasladar el ataúd que allí se encuentra. La situación
resulta preocupante e inusual, aunque de todos modos, siempre se han reportado
casos aislados por roturas y profanación en sepulturas.
Los daños se producen cuando saltan las
paredes o rejas del predio que son muy bajas, y utilizan piedras o a mano
limpia generan daños. En la mayoría de los casos, el personal municipal o
familiares y amigos de los difuntos, toman cuenta de los hechos, por tratarse
precisamente, de tumbas nuevas o muy frecuentemente visitadas. En aquellas
sepulturas descuidadas o abandonadas, muchas veces no se notan los atropellos.
¿Quiénes serían los responsables? “Son
grupos de chicos traviesos y desorientados. La evidencia de sus huellas
pequeñas lo demuestra. Y lo hacen de noche, cuando ya no está presente el
personal de vigilancia.”, teorisa Santos Ortega mientras observa la rotura
irrecuperable de vitrales antiguos de viejas tumbas. “A veces observamos la
presencia de menores durante el día, y hacemos un seguimiento sigiloso de
ellos, sin molestarlos, porque puede ser que tengan buenas intenciones.”,
amplía sobre la vigilancia preventiva.
En el cementerio son variados e
incontables los trabajos que se desarrollan, y poco es el elenco histórico que
allí realiza las acciones, que van desde el mantenimiento del paisaje natural,
hasta el cavado de fosas y diversas tareas de sepultura. “Tampoco se le puede
pedir, y no corresponde que la Municipalidad se ocupe del cuidado de las
mausoleos. Eso es responsabilidad del familiar o responsable de la sepultura”,
como así también, de la construcción de veredas y su respectiva manutención,
señala Ortega.
Extensión e iluminación
El predio comprendido extenso, de 4
hectáreas, además la poca iluminación de
sus alrededores, facilitan el accionar de los dañinos durante la oscuridad.
¿Cuál sería la solución? “Humildemente
entiendo que esto se resolvería con algunos vigiladores nocturnos” dice el
museólogo “y con el trabajo que venimos haciendo desde marzo de 2012, que es un
proyecto de Luis Lupini, para recuperar el patrimonio funerario, pero que ha
quedado al margen transitoriamente, para centrarnos en cerrar y reforzar el
perímetro con rejas, alambres de púa y agregando iluminación, a modo de
obstaculizar el vandalismo”
Descuidar las sepulturas de aquellos que
ya no están, para Santos Ortega se da porque “la comunidad se desentendió del
cementerio. Ya los deudos no concurre seguido a visitar a sus difuntos, y los
jóvenes brillan por su ausencia. Recuperar el cementerio es un proceso cultural
muy lento; por eso le pido a aquellos que lean esta nota, que reflexionen y
comuniquen a los chicos que esto va en el respeto y la educación hacia el
prójimo”, concluye finalmente.

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