Tránsito endemoniado
Capitán Sarmiento. Con un ir y venir endiablado porque impera en
la sociedad un desprecio generalizado hacia las normas que rigen el movimiento
vehicular, conseguir personal municipal que asuma el desafío de controlar el
tránsito no es fácil. El Intendente Ostoich cree que “Los inspectores que
tenemos hacen lo que pueden; necesitaría cuatro o cinco más pero nadie se viene a anotar para
inspector”. El control se desenvuelve en
un clima hostil, “no aguantan, dicen que la gente los trata mal, que la gente
es muy soberbia, que los putea, los insulta”.
La
proliferación de menores al volante expone una realidad, “no hay
responsabilidad de los padres para que los hijos se manejen como se deben
manejar”. Sin ejercerse esta
responsabilidad, la realidad de menores conduciendo motos y alcoholizados no
debe asombrar, “que los padres
colaboren, se pongan las pilas y controlen a sus hijos; no puede ser que chicos
de 13, 14 y 15 años tomen alcohol o anden en moto o cuatriciclo a las 12 o 1 de
la mañana; empecemos por ahí, a los menores deben controlarlos los padres, no
le echemos la culpa de todo al intendente”.
Como se puede, el tránsito se controla, “tenemos un galpón alquilado, es
impresionante la cantidad de motos que tenemos, ya no sabemos más qué
hacer”.
En
Areco, Francisco Durañona parece encaminarse a la solución, “hay treinta o cuarenta inspectores de Buenos
Aires y están puteando al intendente en tres o cuatro idiomas; cobran multa a
Dios y María Santísima, como son de afuera no les importa”.
Ni mago ni vidente
En
curso la gestión Ostoich, el problema es que “todavía mago no soy y vidente
tampoco, hago lo que tengo a mi alcance, lo que sé y lo que puedo hacer” se
excusa el mandatario. Y desafía: “Quien se considere más apto para la función,
que venga y le entrego el mandato de intendente, después vamos a ver cómo se
defiende ese paisano y si se aguanta arriba del caballo; conociéndolos como
son, no creo que tengan tantas agallas”, estima Ostoich
