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miércoles, 10 de abril de 2013

El Intendente es inocente lo que pasa es que “No hay responsabilidad de los padres”


Tránsito endemoniado
Capitán Sarmiento.  Con un ir y venir endiablado porque impera en la sociedad un desprecio generalizado hacia las normas que rigen el movimiento vehicular, conseguir personal municipal que asuma el desafío de controlar el tránsito no es fácil. El Intendente Ostoich cree que “Los inspectores que tenemos hacen lo que pueden; necesitaría cuatro o cinco  más pero nadie se viene a anotar para inspector”.  El control se desenvuelve en un clima hostil, “no aguantan, dicen que la gente los trata mal, que la gente es muy soberbia, que los putea, los insulta”. 


La proliferación de menores al volante expone una realidad, “no hay responsabilidad de los padres para que los hijos se manejen como se deben manejar”.  Sin ejercerse esta responsabilidad, la realidad de menores conduciendo motos y alcoholizados no debe  asombrar, “que los padres colaboren, se pongan las pilas y controlen a sus hijos; no puede ser que chicos de 13, 14 y 15 años tomen alcohol o anden en moto o cuatriciclo a las 12 o 1 de la mañana; empecemos por ahí, a los menores deben controlarlos los padres, no le echemos la culpa de todo al intendente”.  Como se puede, el tránsito se controla, “tenemos un galpón alquilado, es impresionante la cantidad de motos que tenemos, ya no sabemos más qué hacer”. 
En Areco, Francisco Durañona parece encaminarse a la solución,  “hay treinta o cuarenta inspectores de Buenos Aires y están puteando al intendente en tres o cuatro idiomas; cobran multa a Dios y María Santísima, como son de afuera no les importa”. 
Ni mago ni vidente
En curso la gestión Ostoich, el problema es que “todavía mago no soy y vidente tampoco, hago lo que tengo a mi alcance, lo que sé y lo que puedo hacer” se excusa el mandatario. Y desafía: “Quien se considere más apto para la función, que venga y le entrego el mandato de intendente, después vamos a ver cómo se defiende ese paisano y si se aguanta arriba del caballo; conociéndolos como son, no creo que tengan tantas agallas”, estima Ostoich