Sube o
no Sube
San
Andrés de Giles. Quienes se trasladan desde
esta ciudad a Luján o a algún punto
intermedio mediante la empresa de transporte La Isleña no viajan sino que padecen
el recorrido, sobre todo si recurren al colectivo de las 7 de la mañana, que de Carmen de Areco hacia Luján ya viene con
su capacidad cubierta.
Gaspar Galimani, un usuario que no se resigna a este maltrato, comentó que hasta el momento no ha dado resultado su intento de contactarse con el intendente Luis Ghione para conseguir que la empresa readopte la medida de poner colectivos de refuerzo en horarios pico. “No logramos hablar tampoco con el secretario para manifestarle lo que estamos viviendo”.
El que la empresa quite el refuerzo del
servicio desconociendo su compromiso con el usuario, Galimani lo atribuye a la
política kirchnerista, “les recortaron el subsidio que reciben del
Gobierno”. Por otro lado, “la tarjeta
Sube trae sus consecuencias, el Gobierno no deposita el dinero en tiempo y
forma”. Según le explicaron, “el dinero de Sube va al Gobierno y el tercer
día hábil el Gobierno se lo acredita a la empresa”. Sin cumplir el Gobierno con este lapso, los
choferes no reciben su salario en tiempo y forma y recurren a paros, como
ocurrió el último jueves 7. “No es la
primera vez que han parado, por lo visto hay una ‘bicicleta’ en el medio”,
concluye Galimani. Siendo que por uno u
otro motivo la falla en el transporte público es una realidad instalada,
desearía un mayor compromiso de Ghione, “acá el intendente tiene que tomar la
posta”.
Su reclamo a Guillermo Migoya, jefe de
Tráfico de la compañía La Isleña, no da resultado, “le comenté que la gente viaja todos los días a trabajar, no
va a Luján a hacer turismo, a pasear”.
Quitado
ese refuerzo, “el colectivo ya viene
completo, todos sentaditos, desde Carmen, y obviamente, las cincuenta personas -menos
no- que subimos en Giles,
paraditos”. El problema se repite al
regreso, “a la vuelta es un caos; a la ida y a la vuelta hay que poner más
servicios”. Y también en otros horarios durante el día, “a las 10 de la mañana
también se viaja parado”.
Por
testimonios, Galimani sabe que al vecino de Carmen tampoco le resulta fácil, a
cambio del pago de su boleto, aspirar a un asiento. “Un pasajero me contaba que llega antes a la
terminal para lograr un asiento que después tiene que ceder ante una persona
mayor o una señora embarazada; no va a hacerse el dormido, como hacen nuestros queridos
estudiantes que van a la facultad”.
Sin servicios de refuerzo (“Giles creció
casi el triple, y eso lo sabe todo el
mundo”), Galimani desearía que los concejales y el intendente no permanecieran
ajenos, “uno paga el pasaje para viajar sentado; tendrían que acercarse a la
terminal en cualquier momento del día y que vean las condiciones en que
viajamos”. Galimani reconoce que tampoco
es fácil el trabajo de los choferes, “con el tema de la obra van más por la
banquina que por la ruta, la ruta 7 está colapsada, es indudable que tenemos un
Dios aparte”.
