Devota del Gauchito Gil, cuida y mantiene el sitio de
devoción
San Antonio de Areco. La
vecina Cristina Peta es fiel devota del Gauchito Gil desde hace casi 10 años.
Su inclinación es producto de la gratitud por su salud y su bienestar interior,
la ha llevado a dedicarse con entusiasmo al mantenimiento y mejora del
santuario que está instalado en el kilómetro 118,5 de la Ruta 8. Acude diariamente al lugar, lo limpia y ha ido
incorporando elementos con la ayuda de mucha gente. También organiza encuentros
en el lugar, donde los fieles suelen
pasar el día y escuchar música de chamamé.
Peta padecía un problema de salud
que la había sumido en una depresión que la obligaba a estar en cama mucho
tiempo, y creía que no se iba a sanar. Una tía suya, devota del Gauchito Gil a
partir de haberse mejorado de un padecimiento, le propuso a Cristina que le
diera una de sus remeras para llevarla al santuario en Corrientes. Sin ninguna
esperanza se la dio, al cabo de unos días la tía regresó con la remera y le
pidió que la usara dos o tres días continuamente, así lo hizo creyendo que era
algo sin sentido. Transcurridos pocos días pudo levantarse de la cama y
recuperó su deseo de seguir adelante.
Su mejoría hizo que prestara
atención a las palabras de su tía, quien le había recomendado detenerse donde
encontrara un santuario del Gauchito Gil para rezarle. “Tenemos el campo yendo
para Duggan, pasamos muchas veces y nunca vi el santuario, ese día lo vi, tres
ladrillos con una chapita. Le pedí a mi esposo que parara. Ahí empecé, cuando
encontré esa casillita, comencé a limpiarla, pintarla, a ir a rezar, y empezó a
cambiar mi ánimo, volvieron mis ganas de vivir”, manifestó Peta, que pasaba al
principio gran parte del día en el santuario, “era como que había encontrado
paz”. Su cambio fue tal que decidió hacer una caminata hasta el lugar, casi
como una peregrinación, se sumaron otros fieles.
Comenzó a pensar en ampliar el
santuario, solicitó ayuda en materiales y la obtuvo, “empezamos a hablar sobre
cómo hacerlo, pedí ladrillos a uno, tejas a otro”. Un día uno de los fieles
que se había sumado a la primera
caminata le dijo, “el Gauchito quiere hablar con vos”, la frase le sonó
disparatada, pero fue hasta el lugar para hallar con sorpresa que ese vecino
había levantado la casilla tal cual la habían imaginado. “Después empezaron a
levantar otras casillitas, con ayuda de otra gente, porque ahí no se maneja
dinero”, y agradeció a todos los vecinos y comerciantes de la localidad que han
colaborado.
Ha realizado un pequeño jardín en el
lugar para hacerlo más agradable, como no hay agua allí siempre solicita a
quienes pasan por ese espacio que lleven para que el jardín prospere. Compró
una motoguadaña para el mantenimiento del predio.
Celebraciones
Cada año realizan una fiesta en el
día dedicado al Gauchito, el 8 de enero, o el fin de semana más cercano –este
año fue el 13-, como para que la gente pueda concurrir. La tradición señala
que, además de rezar, quienes se acercan a un santuario también comparten
música de chamamé, refrigerios, incluso asados. Arman una cantina que
últimamente trabaja la Escuela N º
14, aunque le solicitan de lo recaudado ayuda para pagar la mitad del costo
de los baños químicos que contratan. Dos
veces por año viajan a Corrientes, en abril y en octubre, el próximo viaje será
el 12 de abril.
Los domingos es un día en que se
reúnen en el santuario. “La gente se trae el mate, vienen a comer, les digo que
si quieren comer un asado deben apagar el fuego. Pasan el día con su familia,
hay mucha paz ahí”, asegura, “pasamos chamamé”, con ese fin adquirió dos grupos electrógenos. Ese día también deja una alcancía para la
compra de velas, de manera que todo el que pase por allí pueda encender una.
Además se venden llaveros y otros pequeños recordatorios, como una forma de
tener fondos para mantener el lugar, “no se necesita mucho”, y de esta manera
evitar pedir colaboración entre los vecinos para materiales u otros elementos.
Celebraron fin de año también en el
lugar, fue a la canasta y concurrió mucha gente. “Es para estar todos juntos,
para que se cuenten sus cosas”. Peta intenta imponer un hábito a quienes llegan
al lugar, que se saluden como si se conocieran, “quiero la unión”.
“Esto es lo que más me llegó”
Su devoción no le resulta
contradictoria con su estado de católica, “sigo siéndolo, pero esto es lo que
más me llegó (…) yo sentía un vacío terrible y hoy tengo una familia
grandísima, no creía que había tanta gente devota del Gauchito”.
Lentamente, su familia fue
comprendiendo su acercamiento al Gauchito Gil, y dándole su apoyo y
acompañamiento, “de a poco (El) fue demostrándoles cómo hacerse devotos”, dijo
en referencia a las situaciones que se fueron sucediendo, como la posibilidad
que tuvo una de sus hijas de volver a quedar embarazada, “lo demostró en muchas
cosas”.
Hizo su promesa de concurrir al
santuario cada día de su vida, cuando por alguna razón no puede concurrir envía
a otra persona para que limpie el lugar.
Define esta experiencia como “lo más
hermoso que me pudo pasar en la vida, me cambió”, también agradece la relación
con la gente que pasa por allí, “te abrazan, te besan”, dijo emocionada por el
recuerdo, “es hermoso”, insistió.
Le gustaría construir el santuario
algo más alejado de la Ruta ,
pero no modificar esencialmente la ubicación, “yo lo conocí ahí. Quisiera
tenerlo donde lo conocí”, pero no pudo concretar su deseo hasta el momento ya
que el lugar elegido no prosperó, ya que el propietario del campo podría hacer
una tranquera en el lugar. De todos modos mantiene la esperanza.