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jueves, 31 de enero de 2013

Peta: “Es lo más hermoso que me pudo pasar en la vida”


Devota del Gauchito Gil, cuida y mantiene el sitio de devoción
San Antonio de Areco. La vecina Cristina Peta es fiel devota del Gauchito Gil desde hace casi 10 años. Su inclinación es producto de la gratitud por su salud y su bienestar interior, la ha llevado a dedicarse con entusiasmo al mantenimiento y mejora del santuario que está instalado en el kilómetro 118,5 de la Ruta 8. Acude diariamente al lugar, lo limpia y ha ido incorporando elementos con la ayuda de mucha gente. También organiza encuentros en el lugar,  donde los fieles suelen pasar el día y escuchar música de chamamé.


Peta padecía un problema de salud que la había sumido en una depresión que la obligaba a estar en cama mucho tiempo, y creía que no se iba a sanar. Una tía suya, devota del Gauchito Gil a partir de haberse mejorado de un padecimiento, le propuso a Cristina que le diera una de sus remeras para llevarla al santuario en Corrientes. Sin ninguna esperanza se la dio, al cabo de unos días la tía regresó con la remera y le pidió que la usara dos o tres días continuamente, así lo hizo creyendo que era algo sin sentido. Transcurridos pocos días pudo levantarse de la cama y recuperó su deseo de seguir adelante.
Su mejoría hizo que prestara atención a las palabras de su tía, quien le había recomendado detenerse donde encontrara un santuario del Gauchito Gil para rezarle. “Tenemos el campo yendo para Duggan, pasamos muchas veces y nunca vi el santuario, ese día lo vi, tres ladrillos con una chapita. Le pedí a mi esposo que parara. Ahí empecé, cuando encontré esa casillita, comencé a limpiarla, pintarla, a ir a rezar, y empezó a cambiar mi ánimo, volvieron mis ganas de vivir”, manifestó Peta, que pasaba al principio gran parte del día en el santuario, “era como que había encontrado paz”. Su cambio fue tal que decidió hacer una caminata hasta el lugar, casi como una peregrinación, se sumaron otros fieles.
Comenzó a pensar en ampliar el santuario, solicitó ayuda en materiales y la obtuvo, “empezamos a hablar sobre cómo hacerlo, pedí ladrillos a uno, tejas a otro”. Un día uno de los fieles que  se había sumado a la primera caminata le dijo, “el Gauchito quiere hablar con vos”, la frase le sonó disparatada, pero fue hasta el lugar para hallar con sorpresa que ese vecino había levantado la casilla tal cual la habían imaginado. “Después empezaron a levantar otras casillitas, con ayuda de otra gente, porque ahí no se maneja dinero”, y agradeció a todos los vecinos y comerciantes de la localidad que han colaborado.
Ha realizado un pequeño jardín en el lugar para hacerlo más agradable, como no hay agua allí siempre solicita a quienes pasan por ese espacio que lleven para que el jardín prospere. Compró una motoguadaña para el mantenimiento del predio.
Celebraciones
Cada año realizan una fiesta en el día dedicado al Gauchito, el 8 de enero, o el fin de semana más cercano –este año fue el 13-, como para que la gente pueda concurrir. La tradición señala que, además de rezar, quienes se acercan a un santuario también comparten música de chamamé, refrigerios, incluso asados. Arman una cantina que últimamente trabaja la Escuela Nº 14, aunque le solicitan de lo recaudado ayuda para pagar la mitad del costo de  los baños químicos que contratan. Dos veces por año viajan a Corrientes, en abril y en octubre, el próximo viaje será el 12 de abril.
Los domingos es un día en que se reúnen en el santuario. “La gente se trae el mate, vienen a comer, les digo que si quieren comer un asado deben apagar el fuego. Pasan el día con su familia, hay mucha paz ahí”, asegura, “pasamos chamamé”, con ese fin adquirió dos  grupos electrógenos.  Ese día también deja una alcancía para la compra de velas, de manera que todo el que pase por allí pueda encender una. Además se venden llaveros y otros pequeños recordatorios, como una forma de tener fondos para mantener el lugar, “no se necesita mucho”, y de esta manera evitar pedir colaboración entre los vecinos para materiales u otros elementos.
Celebraron fin de año también en el lugar, fue a la canasta y concurrió mucha gente. “Es para estar todos juntos, para que se cuenten sus cosas”. Peta intenta imponer un hábito a quienes llegan al lugar, que se saluden como si se conocieran, “quiero la unión”.
“Esto es lo que más me llegó”
Su devoción no le resulta contradictoria con su estado de católica, “sigo siéndolo, pero esto es lo que más me llegó (…) yo sentía un vacío terrible y hoy tengo una familia grandísima, no creía que había tanta gente devota del Gauchito”.
Lentamente, su familia fue comprendiendo su acercamiento al Gauchito Gil, y dándole su apoyo y acompañamiento, “de a poco (El) fue demostrándoles cómo hacerse devotos”, dijo en referencia a las situaciones que se fueron sucediendo, como la posibilidad que tuvo una de sus hijas de volver a quedar embarazada, “lo demostró en muchas cosas”.
Hizo su promesa de concurrir al santuario cada día de su vida, cuando por alguna razón no puede concurrir envía a otra persona para que limpie el lugar.
Define esta experiencia como “lo más hermoso que me pudo pasar en la vida, me cambió”, también agradece la relación con la gente que pasa por allí, “te abrazan, te besan”, dijo emocionada por el recuerdo, “es hermoso”, insistió.
Le gustaría construir el santuario algo más alejado de la Ruta, pero no modificar esencialmente la ubicación, “yo lo conocí ahí. Quisiera tenerlo donde lo conocí”, pero no pudo concretar su deseo hasta el momento ya que el lugar elegido no prosperó, ya que el propietario del campo podría hacer una tranquera en el lugar. De todos modos mantiene la esperanza.