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miércoles, 30 de enero de 2013

Luisa Novillo Rolla cumplió 100 años


Historia de vida
Capitán Sarmiento.  La vecina Luisa Novillo Rolla cumplió 100 años en estos días y agradecida de su buena salud, comentó en su casa, donde se ocupa de algunas tareas (“cocino, limpio el baño, tiendo la cama”) sobre sus vivencias.  Nacida en enero de 1913 en cercanías de Arrecifes en la familia de once hijos de Luisa y Ramón, Luisa  agradece tener a su único hijo, de 80 años, y a su familia.  


La formación escolar la recibió en su casa, por un maestro particular que daba clases también a chicos de la zona.  En el campo de su padre, algo más de cien hectáreas, hacia los catorce años Luisa y sus hermanos compartían tareas, “carpíamos yuyos, hacíamos de todo, enfardábamos para los animales”. Esto  hasta que se impusieron las circunstancias, “mis hermanos se empezaron a ir a Buenos Aires, acá no se podía vivir y allá les fue bien”.  Al radicarse en cercanías de Sarmiento hacia los veinte años, en sus visitas al pueblo la parada era el hotel de Ferraris, “desatábamos el caballo, le dábamos pasto, almorzábamos ahí o en casa de algún pariente”.  El pueblo mantenía el paisaje rural, “no había nada asfaltado, cuando llovía era todo una laguna pero era todo tranquilo, lindo”.  De a poco comenzó a haber cambios, “vino el fonógrafo con las rancheras, íbamos a los bailes de Juárez, hoy le llaman La Elisa, iban de Sarmiento, de Portela, de Baradero; también había bailes  para el lado de El Silencio”.  En este paraje conoció a quien sería su marido, “había fogón, teníamos muchas amistades, los muchachos jugaban al fútbol y las mujeres nos íbamos con el fonógrafo a bailar arriba del puente, cuando venía un auto nos poníamos para un costado pero en aquella época los coches eran muy raros”.   Con una vida intensa y  pocos de sus coetáneos alrededor (vive un hermano que pasó los 90), atendiendo limitaciones físicas propias de la edad (“no puedo andar mucho y no estoy acostumbrada a hacer nada”), Luisa mantiene su ocupación en la quinta y el jardín, “me gusta mucho”.