Historia de vida
Capitán
Sarmiento. La vecina Luisa Novillo Rolla
cumplió 100 años en estos días y agradecida de su buena salud, comentó en su
casa, donde se ocupa de algunas tareas (“cocino, limpio el baño, tiendo la
cama”) sobre sus vivencias. Nacida en
enero de 1913 en cercanías de Arrecifes en la familia de once hijos de Luisa y
Ramón, Luisa agradece tener a su único
hijo, de 80 años, y a su familia.
La formación
escolar la recibió en su casa, por un maestro particular que daba clases
también a chicos de la zona. En el campo
de su padre, algo más de cien hectáreas, hacia los catorce años Luisa y sus
hermanos compartían tareas, “carpíamos yuyos, hacíamos de todo, enfardábamos
para los animales”. Esto hasta que se
impusieron las circunstancias, “mis hermanos se empezaron a ir a Buenos Aires,
acá no se podía vivir y allá les fue bien”.
Al radicarse en cercanías de Sarmiento hacia los veinte años, en sus
visitas al pueblo la parada era el hotel de Ferraris, “desatábamos el caballo,
le dábamos pasto, almorzábamos ahí o en casa de algún pariente”. El pueblo mantenía el paisaje rural, “no
había nada asfaltado, cuando llovía era todo una laguna pero era todo
tranquilo, lindo”. De a poco comenzó a
haber cambios, “vino el fonógrafo con las rancheras, íbamos a los bailes de Juárez,
hoy le llaman La Elisa, iban de Sarmiento, de Portela, de Baradero; también
había bailes para el lado de El
Silencio”. En este paraje conoció a
quien sería su marido, “había fogón, teníamos muchas amistades, los muchachos
jugaban al fútbol y las mujeres nos íbamos con el fonógrafo a bailar arriba del
puente, cuando venía un auto nos poníamos para un costado pero en aquella época
los coches eran muy raros”. Con una
vida intensa y pocos de sus coetáneos
alrededor (vive un hermano que pasó los 90), atendiendo limitaciones físicas
propias de la edad (“no puedo andar mucho y no estoy acostumbrada a hacer
nada”), Luisa mantiene su ocupación en la quinta y el jardín, “me gusta
mucho”.