En el año hubo dos operativos de limpieza
San Antonio de Areco.
Vecinos de la avenida Güiraldes se ven afectados no solo por los baches que
presentaba ese bulevar y algunas de las calles adyacentes, sino por la falta de
limpieza que genera la acumulación de tanta tierra en los cordones donde
incluso crecen hierbas. La tierra se incrementa por el paso de camiones y
vehículos provenientes de la zona y de la Ruta 31, lo que obliga a los vecinos a mantener sus ventanas
cerradas a pesar del calor.
Las quejas también se refieren a las altas
velocidades que los vehículos alcanzan aun con el mal estado de la calzada, y
los riesgos de accidentes graves que esto acarrea, lo cual no está sujeto a
ningún tipo de control regular al tránsito. Un combo que se completa con la
proliferación de alimñas.
Marcela, vecina de Güiraldes (en
reconstrucción) entre Irigoyen y Azcuénaga, se queja de la cantidad de pozos
que presenta Azcuénaga, lo que hace que decidan no transitar por allí con su
auto, por temor a romperlo. En cuanto a la limpieza, señaló que los barrenderos
pasan solo cuando se corta el pasto – en el año no ha sucedido más de 2 veces-.
“En general están sucios los cordones, hastan con pasto crecido”. Teme por las consecuencias
de las altas velocidades con las que transitan por allí autos, camionetas,
colectivos y camiones. Los reclamos no han dado resultado.
“Te dicen que sí pero no vienen a barrer”
Rubén, de Güiraldes y Vieytes,
coincide en las quejas, “es horrible, no barren acá, pasan muy poco, sí cortan
el pasto y cuando lo juntan barren, si no, no, y estamos al día con los
impuestos”, lamenta. Los vecinos toman la limpieza en sus manos, incluso el
juntar ramas y hojas, porque si bien el
recolector de basura pasa diariamente, no lo hace el chinchorro, “por ahí
viene”, dijo refiriéndose al paso demorado de ese vehículo. Acerca de la tierra
acumulada en los cordones, su permanencia en el lugar hace que “hasta crezca
pasto ahí”. En referencia a los reclamos comenta, “te dicen que sí, pero no
vienen a barrer”.
Con respecto a la velocidad con que
transitan los vehículos, cree que la solución sería colocar lomos de burro, “es
una esquina muy peligrosa, hay mucha gente del barrio que va y viene, los
camiones cargados no frenan”, espera una solución antes de que tengan que
lamentar víctimas.
“Bronca y vergüenza”
Emilce es propietaria de un negocio
en la zona y siente “bronca y vergüenza” porque no puede controlar el ingreso
de tierra constante al local y el hecho de que no pueda entregar mercadería
alguna a sus clientes sin que esté cubierta de polvo, “te da cosa, entrás a
otros negocios y está todo impecable y yo tapada de tierra”. Está en el barrio
desde hace 2 meses, “y nunca vi que barrieran” mientras señala un colchón de
polvo y barro de 15 centímetros de grosor… abajo existiría asfalto, dicen los
memoriosos.
Mariano, quien vive muy cerca de
Vieytes, está cansado de la cantidad de tierra con que deben vivir, “no se
puede dejar las ventanas abiertas, uno vive encerrado. Está todo sucio, no
barren jamás la calle. Tenemos los servicios al día y las calles son un
desastre”. El tránsito constante, principalmente durante la noche, no les
permite conciliar el sueño, los camiones, las motos corriendo picadas, son algo
habitual. “Es una esquina muy complicada, los camiones y los chicos del barrio
en bicicleta es una combinación peligrosa”. Cree que un lomo de burro mejoraría
la situación. Las quejas realizadas hasta el momento no han encontrado
respuesta.
José Luis habita la zona de Vieytes
entre Güiraldes y Pellegrini, y lamenta el exceso de tierra y el tránsito a
gran velocidad durante el día y la noche, “esto es un peligro”. En cuanto a la
limpieza señaló, “pasó una vez la máquina a la noche y después no pasó más”. El
pedido de un lomo de burro no prosperó hasta el momento.
“La barredora pasa a las perdidas”
Clemente, quien vive en Vieytes,
casi Pellegrini, coincide con sus vecinos en la peligrosidad de la zona, el
tránsito constante, altas velocidades, chicos que se desplazan a la escuela se
conjugan para que el riesgo sea diario. Si bien paga sus impuestos, la calle
“está siempre muy sucia, la barredora pasa a las perdidas, 2 o tres veces al
año, cuando en esta calle sería necesario que se barra al menos 2 veces por
semana ”, pero a pesar de la situación
que le molesta quiere darle tiempo a la actual Gestión antes de juzgar, “le
dije un día (al Intendente), si en 4 años hacés el 30 por ciento de lo que
anunciás, sos un campeón. Espero que salga todo bien”.
“Somos alérgicos”
Tita, con un comercio en Vieytes y
Pellegrini, considera a esa esquina como “lo peor, no pasa el barrendero, no
limpian nunca la calle, la tenemos que limpiar nosotros, no se puede vivir con
la tierra que vuela, el paso de los camiones es un desastre igual que los autos
y motos a altas velocidades. No quieren construir una loma de burro, la pedí
muchas veces pero no la hacen”, dijo cansada de esa situación y subrayando que
paga las tasas.
La tierra reinante le genera
inconvenientes, “ayer con el calor tuvimos que tener la puerta cerrada todo el
día, somos alérgicos, eso te hace muy mal”.
Además recordó la presencia de pozos, y la falta de controles en el
tránsito, “las motos pasan que te hacen temblar”, lamentó mientras alzaba la
voz ante el paso de tres camiones consecutivos que impidieron la conversación
por el ruido, e interrumpieron la visión por la nube de polvo que dejaron tras
de sí.
Inspectores y barrenderos brillan
por la ausencia. Urbanidad para todos… y todas
Esta situación documentada se repite
en varios puntos del poblado, como por ejemplo en varios tramos comprendidos
por avenida Smith y Quetgles.