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jueves, 20 de diciembre de 2012

Luis María Victorica: “Toda mi actividad oftalmológica la hice con mucha alegría”


Trayectorias
San Antonio de Areco.  Con  reconocida trayectoria en su profesión, Luis María Victorica comentó acerca de satisfacciones que su  elección, la oftalmología, no cesa de depararle desde que comenzó a ejercer a mediados de los ‘60. 


Siendo el mayor de los cinco hijos de María Luisa Altamiranda y Rufino Victorica, matrimonio residente en la localidad bonaerense de San Miguel, la elección de su lugar en el mundo llega apenas finaliza la carrera en la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.  “Acá llegué un 4 de mayo de 1965”, precisa Victorica.  Para entonces ya había ganado experiencia al lado de Hugo Nano en su consultorio de San Miguel, y en donde, manteniendo la vinculación, surge la idea de radicarse en Areco. “Una joven de aquí se operó de estrabismo en San Miguel y para evitar gastos sanatoriales en el pos operatorio se quedaba en  casa de familiares, adonde yo la iba a curar”.  En reciprocidad, Victorica es invitado a Areco y la impresión es buena, “me invitaron con mi padre y hermanos y quedé encantado con la gente, su manera de ser, con la misma ciudad; me insistieron en que viniera acá y a los quince días ya me habían conseguido un lugar para atender”.  Pronto debió incrementar la atención semanal de los martes, “enseguida tuve una concurrencia de pacientes y al año y medio construí ex profeso el consultorio sobre Alvear, en cuatro meses  lo tuve con llave en mano” (donde hoy funciona la oficina de ARBA). 
Su llegada es providencial para Areco y para la zona,  “desde hacía unos veinticinco años venía al Morgan un oftalmólogo del hospital Santa Lucía, de Buenos Aires, que se estaba por retirar, y tampoco había oculistas en Baradero, Sarmiento, Capilla, Giles, Baradero”.   Su agradecimiento especial a quienes en sus inicios lo instaron a radicarse y construir su vida aquí, las familias Papaleo y Fiore, “y a muchos otros que enseguida mostraron su amistad, como el óptico Fierrito”.  Ya en ejercicio de  la profesión, se casa en el ’67 con quien sería la madre de su primer hijo Mauricio -y padre de sus dos nietos (de un segundo matrimonio nacerían dos hijos más, Luis María, 20,  y Fiamma, 18).
Y desde aquí continúa el aprendizaje  de la mano del especialista de renombre internacional, “seguía yendo al hospital de Clínicas y con el doctor Nano comenzamos acá en el hospital Zerboni con las primeras cirugías de cataratas, eso en junio de 1965, con miembros del equipo de Nano operábamos todos los sábados”, recuerda Victorica. 
Trascendencia
Diez años después el desafío es concretar un trasplante de córnea, y no existiendo aún un  ente nacional para regular la donación de órganos, el impulso a una ordenanza del médico entonces concejal  Juan Carlos Daverio permite a un paciente recuperar la vista, “después lo veía en Giles, de donde era, andando en bicicleta”.  Abriéndose la posibilidad de preservar la vista a muchos otros en iguales circunstancias, la noticia del trasplante de córnea  trascendió en la zona por medios locales y zonales.   
Hacia el ’78, de regreso de un perfeccionamiento en Estados Unidos,  sin poder cumplir con lo que implicaba su pertenencia al Rotary Club (al que había ingresado a instancias de Indalecio Reguero, en esa época al frente del hospital Zerboni), Victorica encuentra el modo de seguir colaborando.  “Un proyecto del Rotary por el cual examinábamos a los chicos de las escuelas primarias, ofreciendo tratamiento y anteojos  a aquellos que lo necesitaban, y en ese compromiso el Rotary sigue”. 
Consolidándose en su especialidad, las circunstancias del país  a mediados de los ’70  demoraron la construcción de una clínica oftalmológica de avanzada (“fue el famoso Rodrigazo, fue tremendo, era imposible seguir”), pero logra concretarla con modificaciones sobre la calle Alem unos diez años después.  En el ’88, durante el gobierno radical, tampoco es fácil, “en la presidencia de Alfonsín me agarró la hiperinflación pero no aflojé y aunque lo pagué todo tres veces más hice la parte de quirófano, ascensor, segunda planta, toda la aparatología de rayo láser, etc, pero se logró”.  Dificultades incluidas, acá en Areco, Baradero, hospitales y clínicas de la zona,  “toda mi actividad oftalmológica, que ahora la centralizo acá, la hice con mucha alegría”.  
Continuidad profesional
Asentado en su trayectoria y siendo la actividad lo suyo, deja a un lado la posibilidad de jubilarse (“nací el 30 de julio de 1935, ya me pasé unos años”) y en el propósito de “sumar esos avances de alta complejidad a la comunidad”, contempla integrarse a un equipo de investigación en Buenos Aires.  “Están dirigidos hacia la investigación de  enfermedades relacionados con patologías diabéticas,  procesos vasculares de la retina y otras enfermedades”.   Victorica aclara que no se trata solo de avances en tratamientos de enfermedades propias de la prolongación de la vida (“por suerte han aparecido los recursos para el tratamiento”), sino de circunstancias propias de la época. “Se producen muchos accidentes oculares, como accidentes en la carretera o en ámbitos de trabajo, en industrias donde por ejemplo se manipula amoníaco; por eso hay un proyecto de crear en la zona un centro de alta complejidad de tratamiento para urgencias, con banco de ojos y todos los elementos necesarios, los  que tengo y pongo a disposición”.  No se trata de un proyecto   sin fundamento, “los sábados y domingos que estoy acá me dedico a atender urgencias de todo alrededor”.  
Próximas las fiestas de fin de año, Victorica envía un saludo de buenos auspicios para sus pacientes (en sus ficheros, más de sesenta mil) y a toda la comunidad, más  un deseo expreso orientado a la salud, “desearía que las autoridades lograran que el hospital Zerboni recuperara el prestigio y equipamiento que en su tiempo lo supo distinguir”, alentó.