Soledad Rojo de Cames
fue asaltada a mano armada
San Antonio de Areco.
En la noche del miércoles 19 de diciembre, varios ladrones armados, se estima
no menos de 6 delincuentes, ingresaron en
el domicilio del médico y ex intendente local, José Cames situado en acceso
Durán a pocos metros de la Ruta
41. Cuando apenas había caído el sol, fue su esposa, Soledad Rojo, quien debió
padecer el accionar de los delincuentes que además de maniatarla y encañonarla,
le propinaron un golpe en la frente.
Este hecho se suma a una serie de delitos similares que se
vienen sucediendo en el último año, en octubre pasado Graciela Guilhamelou
padeció un robo por parte de ladrones que simularon ser empleados de Telefónica: el asalto a mano
armada a Liderar Seguros en el mes de julio. En marzo ladrones armados tomaron de rehenes al propietario de un
comercio de telefonía celular –Darío Fiorda-, a sus empleadas y a un vecino durante
el mismo mes, la situación fue muy similar en el domicilio de Carmen
Ciaffardini, donde los delincuentes también redujeron a parte de la familia que
se encontraba en la casa. En febrero las víctimas fueron Mariana Márquez y sus
hijos.
En el caso de Soledad Rojo, el miércoles por la noche, entre
las 20:45 y las 21, llegaba a su casa en su vehículo y al detenerse fue
sorprendida por dos hombres, al menos uno de ellos armado con un arma de puño,
quienes la redujeron y la obligaron a ingresar al domicilio. Una vez allí le
exigieron insistentemente dinero, pero al tener con ella solo una pequeña suma,
comenzaron a revisar el lugar en busca de un monto mayor, pero la familia no
guardaba dinero en la casa. Los ladrones optaron por llevarse otros elementos
como un televisor, un reproductor de DVD, computadoras, tarjetas de crédito y
otra documentación y hasta mercadería que la víctima acababa de comprar en el supermercado.
Rojo fue maniatada, y en un momento pudo notar que los
ladrones eran al menos más de cinco. Uno de ellos la golpeó, no pudo precisar
si con el puño o con un arma, lo que le generó, según informó el subcomisario
Miguel Ángel González, “una tumefacción superficial a la altura de la sien, y
no un corte como para que mereciera ser trasladada a un centro asistencial”.
Los malvivientes actuaron a cara descubierta, sus edades
rondarían entre 30 y 45 años y se movilizaban al menos en dos vehículos, ya que
al ingresar Rojo a su domicilio notó un automóvil, y al detener su propio
vehículo vio que por detrás llegó de otro, imaginó que se trataba de su esposo,
pero luego consideró que se trataba de una camioneta de gran porte por la
altura de las luces.
El subcomisario González informó que se presentó en el lugar
del hecho el fiscal a cargo de la UFI
3 de Mercedes, Pedro Illanes y policía científica. González deduce que el robo
se hizo sin un trabajo de inteligencia previa, “porque no merecía el riesgo”.
Gonzáles señaló que si bien la zona está comprendida dentro
del área de la cuadrícula, van a intensificar los patrullajes, “si es necesario
vamos a involucrar a elementos policiales”. El hecho fue caratulado como “Robo
calificado por el uso de armas”.
Nota de la
redacción
La reiteración de este tipo de delitos cometidos más o menos
con la misma modalidad en lapsos de tiempo bastante distantes unos de otros con
el accionar de varios ladrones que invaden metodológicamente la propiedad
privada reduciendo a sus moradores,
hacen pensar que las autoridades deberían tomar nota de los sucesos y
elaborar un plan para tratar de evitarlos. Ya son varios los casos y es muy
evidente que la frecuencia respeta un patrón de tiempo por el cual luego de
cada atraco transcurren unas “semanas tranquilas” y cuando los habitantes
comienzan a olvidar que la inseguridad merodea el Pago, sucede un nuevo ataque.
Parece algo regulado para que el temor no se instale en la opinión pública y la
gente no tome conciencia permanente de lo que le espera. Los delincuentes
actúan cual el vampiro que se vale de una porción de sangre de su víctima,
cuidando que se vea una aparente normalidad. Así se mantiene un estado de
situación que no delata la realidad. Triste y más peligrosa de lo que se ve.