Capitán Sarmiento. La presencia de un camión del programa Carne
para todos, enviado por la presidente Cristina Fernández a esta ciudad no convenció a todos, y Hugo Russell, al frente de una carnicería desde
hace varios años, fundamentó su malestar. Si bien
la presencia del camión comercialmente no lo inquietaba (“a mí no me quita la
clientela; al contrario, sin mandarme la parte creo que trabajé mejor cuando
estuvo el camión que otros días”), y más allá de lo contradictorio de la oferta
en plena pampa húmeda, su inquietud
pasaba por otro lado. “Yo quisiera que
las autoridades digan de dónde sale esa carne y quién la paga, porque alguien
la tiene que pagar”, expuso Russell.
Dado el
precio de la carne (“está cara pero no es por culpa de los carniceros, eso
tiene que explicarlo el gobierno”), Russell considera que la explicación
corresponde, “que expliquen quién subsidia la carne sino la gente piensa que la
estamos estafando”.
Igualmente,
como corroboró al acudir al punto de venta (frente de la estación del
ferrocarril) la carne no era de primera.
Si bien estaba apta para el
consumo, éste debía ser inmediato, “fui a verla, abrí cajas de gente que había
comprado, la miramos y la carne no
estaba podrida pero tampoco estaba envasada al vacío; era carne para consumir
ya, porque de dejarla en tu heladera se pudre, no se puede guardar”, observó
Russell.
El
contenido de la caja examinada, “dos rodajas de osobuco, negra la carne que
resaltaba contra el blanco del hueso, y eso significa carne vieja, con mucho
tiempo de frío”. Según observó, “lo que
había era toda carne de vaca, y la carne picada era con colorante, pero no
estaba colorada, ya estaba negra”. Sin
dedicarle un análisis minucioso, la calidad de las milanesas tampoco lo
convenció, “un solo montón con olor a humedad, no las abrí pero lo único que
dije es que sin freezer no se podían guardar”.
Lo
deseable, “que traigan carne que la gente pueda guardar en su heladera y que
vayan a los barrios, adonde hay muchos chicos y donde la gente no llega a
consumir carne, ojala viniera dos o tres veces por mes”. Además, “quisiera saber si alguna autoridad le
da a su hijo o nieto esa carne para comer”.
Sobre
todo, remarcó Russell, “que llegue a
gente que la necesita y no como la otra vez que compraba gente con mucho
dinero, con campo, con negocios, con empresas, compraban esa carne, la
guardaban y después andaban pidiendo si
se la podíamos picar porque no la podían comer”.
Respecto
de la decisión del intendente Oscar Ostoich de hacer cumplir las ordenanzas,
Russell destacó que “yo veo bien las medidas que se están tomando pero se
tendrían que haber tomado hace rato”.
Sin haberse adoptado las medidas a su tiempo, “no se puede andar más en
la calle, el tránsito es un desastre, acá enfrente veo que vienen al Banco y
estacionan sobre las sendas peatonales, estacionan en la ochava, es bueno que
se cumpla y sea parejo para todos”.
