El vendedor ambulante era un personaje distintivo
San Antonio de Areco. Abel Melo, quien pasó a ser un personaje del pueblo, murió el viernes 28 a los 76 años. Dedicado los últimos 30 años de su vida a la venta ambulante, fue un vecino que de una u otra manera tuvo contacto con casi toda la comunidad, ya fuera por la venta de helados en la ciudad o la de golosinas y gaseosas en la Terminal de micros, siempre acompañó su actividad con un trato alegre y una palabra reconfortante a los clientes y conocidos.
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María Ester Castex, casada con Abel por 55 años, y una de sus hijas, Claudia, recordaron la vida que llevó este hombre que dejó su huella en la comunidad, y que trabajó desde que era un niño en tambos, luego en hornos de ladrillo para, finalmente, hace un poco más de 30 años atrás dedicarse a la venta ambulante. “Amaba su trabajo”, afirmó Claudia, “andar por la calle, estar con la gente”, en los últimos tiempos su enfermedad se lo impedía pero él soñaba con regresar al contacto diario con los vecinos y amigos.
El buen humor nunca lo abandonaba, así lo señaló su esposa María Ester, quien también destacó el amor que sentía por su familia, compuesta, además de Claudia, por otros tres hijos, Néstor, Omar y Ana María, más dieciséis nietos y catorce bisnietos.
Abel padecía de una afección cardíaca desde hacía muchos años, que finalmente se complicó y le provocó un edema pulmonar.
María Ester, está decidida a cumplir los consejos que Abel le dio, entre ellos que tuviera fortaleza, que continuara ella con las ventas, “me decía, seguí para adelante, todo lo que me dijo lo estoy haciendo”.
“Pipa” Cisneros, el vendedor de helados con una trayectoria más extensa en la localidad -42 años-, y que trabajó con Abel durante 25 años, y considera a su desaparición un golpe, “un tipazo, un amigo, lo quería como a un segundo padre. Fue muy buena persona”, lo recordó, “un tipo macanudo, nunca estaba enojado, jamás tuvimos un sí o un no”. No imagina cómo continuar su actividad sin Abel, “ahora viene la Tradición , me va a parecer que lo voy a estar viendo”.
Al frente de la Terminal de micros, Fabián Marincovic, lamentó la partida de Abel, “hace muchos años que estaba, mi padre me contaba que se presentó, pidió permiso para vender acá y así fue como empezó. Tengo entendido que estuvo prácticamente 15 años en la parada”. Fueron años de contacto continuo, “jamás vino un día de mal humor, un ser excepcional”, lo describió, ya que estaba atento al estado de ánimo de las personas y trataba de decir palabras reconfortantes u ofrecer un consejo.”Se va a extrañar mucho”.
“Desde que murió”, dijo Fabián refiriéndose a Abel, “no hay un chofer de cada empresa que no pregunte por él”. Si bien existe una disposición que no permite que los vendedores ambulantes suban a los micros, los choferes siempre hacían una excepción con Abel.
Entre los remiseros que tienen su parada en la Terminal, la noticia les produjo pena, uno de ellos se refirió a la presencia de Abel en el lugar como “una tradición”, destacaron su carácter jovial, su alegría, su voluntad, “un tipo respetable”, señaló uno de ellos, “un amigo que se fue, muy querido por todos”, expresaron otros en medio de la congoja que genera saber que mañana Abel se va a seguir extrañando.