Carta de Lectores
En Dinámica de la Alegría , Leopoldo Marechal nos habla de la construcción de un “Barrio de los tristes”, emulándolo yo propongo a los números que inventan la salud y el decoro de la ciudad humana, la construcción de un “Barrio de los Mediocres” en el suburbio menos frecuentado. Allá se juntarían, y por fuerza de ley, todos los hombres faltos de palabras, los arrogantes que se pasean en lujosos automóviles tratando de aparentar majestuosidad los esclavos de las mentiras (y del poder), todos los virgos de doctrina, los no circuncidados en el ritual de los ideales, los indigentes de pensamientos y conocimientos. Allá tendrían que ir aquellos a los que su lengua como una bandera comienza a ondear al viento de cualquier olor.
Aquellos que piensan que esconderse tras un seudónimo le dará algún valor agregado a su triste discurso.
Amo tanto las palabras (y las respeto) que el Barrio de los Mediocres es uno de mis grandes anhelos: es que me repugna tanto que estos mediocres deseen hacernos sentir que de nada vale esforzarse en crecer, que de nada vale intentar ser mejores individuos, que de nada vale intentar aprender a pensar. Quizás eso es precisamente lo que quieren: que no pensemos. Pero afortunadamente no lo logran, porque no todo tiempo pasado ha sido mejor, ni hoy todo está perdido. No. Así como ayer hubo errores, también existieron esos grandes “cerebros” que dieron paso a una actualidad en donde nadie es
indiferente a nada. Por eso a los que se creen importantes, confundiendo su hinchazón con grandeza, les aseguro que los jóvenes somos parte de la generación que hoy decide pensar y nadie tiene derecho a reducirnos a un par de iniciales, ni a desmerecer nuestra experiencia. Confieso que he vivido 23 años, eso puede ser poco o mucho, dependiendo de quién y de cómo se lo mire, pero estos 23 años me alcanzan para entender la responsabilidad que significa como periodista comunicar a la sociedad “las noticias”. Así como respeto las palabras, respeto a los lectores; a los oyentes, y tengo muy en claro que por una palabra en un renglón puedo cambiar una idea entera. Pobre de aquellos que se creen sagaces plasmando frases pagadas políticamente. Pero al fin y al cabo son libres y pueden elegir amontonarse vergonzosamente en una sola farsa. Son libres de pretender mostrar la realidad de todo lo que sucede en el partido de San Antonio de Areco, aunque sólo publiquen la verdad de su partido. Son libres de intentar que todas las voces expresen su opinión, pero sólo escribir lo que la voz del poder quiere que se escriba. Son libres de aceptar el disenso, y considerarse “libres de pensamiento” y esclavos de lo que escriben, aunque en realidad a la hora de “pensar” sólo son libres de transmitir el peso del poder que los condiciona y que los hace sus súbditos.
“La verdad, si no es entera, se convierte en aliada de lo falso”, asegura el filósofo español Javier Sádaba, y el que dice ser “el diario del pueblo”, debería tener eso en cuenta, porque sólo existiera una verdad única, no se podría pintar cien cuadros sobre el mismo tema, por esto me pregunto ¿cuántas ediciones más aguantarán vanagloriando al mismo partido político? Si pretenden movilizar a la sociedad cual si fueran molestos tábanos, pues sigo esperando “que piquen a todos por igual” y no que continúen con este zumbido absurdo, que embarulla discursos y mal interpreta hechos.
Patricia L. Rodríguez
DNI 33.317.245
Esto saldra antes del leer mas Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas
