Capitán
Sarmiento. Ramón Carballo, abogado y
escritor, desde su adhesión al radicalismo fundamentó la necesidad de asumir la
historia partidaria para adoptar una política con ideas superadoras.
El
conocer el origen de la Unión Cívica Radical, considera Carballo, implica recuperar
“las ideas básicas, esenciales, que allá por 1890, con el levantamiento de
Leandro N. Alem, hicieron a la Unión
Cívica”. Su desconocimiento provoca “la
disconformidad de una gran masa de afiliados y simpatizantes que llevó a la
gran crisis de la UCR que ahora, pareciera, quiere empezar a reflotar”. Como muestra de este resurgimiento, ve la
convocatoria a toda la comunidad ante la presencia de Pedro Bazze, presidente
del comité bonaerense, en esta ciudad el miércoles 23. Reunión “abierta, como debe ser, no hay
otra manera, el país no da para puertas cerradas, primero que todo tienen que
estar los intereses de la Nación”.
El que
la UCR se encuentre en el estado en que está, entiende Carballo, responde a
la falta de representación de los
ciudadanos, falta de representación que, como expuso en su última obra, por
algunos es fomentada, “como escribí en
mi libro, el partido político que todos los
politiqueros quieren es alcahuete en cada pueblo para que sirva a los
intereses personales de la cúpula del poder”.
Esto saldra antes del leer mas Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas
A la
inversa de lo que exige el sistema democrático, la no representatividad prevalece
y es lo que encuentra en el origen de la
dispersión de los afiliados, “el pueblo
debiera elegir al representante que
tendría que llevar adelante los intereses y el mandato que la gente da al
político, pero acá es a la inversa y el
electorado prácticamente se llegó a desmembrar en una infinidad de fracciones”.
La
modalidad es impuesta por “aquellos que son politiqueros, los aves de rapiña,
los que no saben vivir por sí mismos, los incapaces”. En general, desconocedores de la historia
argentina, “tienen que empaparse de lo que pasó en Argentina antes de 1810 y
después de 1810” . Sin este conocimiento, “no hay idea de qué país queremos, qué es lo
que deseamos, y para esto hace falta la política de pantalones largos, no la
politiquería barata de ‘no me gusta tu cara’; acá hay que discutir ideas y
mientras no discutamos ideas es imposible salir del estado en que estamos”.
Se
trata de definir políticas a largo plazo, “que aseguren al país un camino a
seguir hacia un punto en el que todos digamos ‘allá vamos’”. Antes, definir el
país deseado, “¿queremos un país de minorías?, hagamos un país donde van a
vivir bien 5 millones”. Se desconoce la
realidad de millones de personas sumidas
en la indigencia, “decimos, “¡qué extraordinario, el turismo movilizó 7
millones de personas!, ¿y qué pasa con
los otros 34?; los hijos de los tobas y de los guaraníes se mueren de
hambre”. Sin repararse en esto, la
política se reduce a “discutir si la capa de
pavimento es un poquito más delgada o un poquito más gruesa; si el
empleado oficial dio cuatro vueltas o dio
ocho vueltas con la camioneta oficial”.
Así las cosas, “después no lloremos por la inseguridad, si no ponemos
voluntad política no va a haber soluciones”.
Coherencia
En
quienes hoy se presentan como candidatos a presidente, “yo quisiera ver un
discurso de política profunda, saber qué
vamos a hacer, pautas para llevar
adelante, y un compromiso muy serio con
la gente, porque después resulta que decimos una cosa y hacemos otra, seamos
coherentes”. Falta de coherencia que no
ve como exclusiva de la política
nacional, también incurre el presidente de Estados Unidos, “Obama prometió en
campaña una cosa y ahora bombardea Libia”.
En
salud, educación, ecología, debe debatirse una política en profundidad, “el que diga algo tiene que cumplirlo,
necesitamos referencias políticas serias”.
Profundidad que no percibe en el precandidato Ricardo Alfonsín, “es un
discurso de barricada, y el discurso de barricada puede emocionar pero no es lo
que necesita el país”.
La
coherencia se impone, “me tocó estar en
la Universidad en el momento más crítico, vi a
conocidos yendo al frente con la camiseta, porque para ellos se jugaba
el país, mientras los dirigentes negociaban el dinero de los secuestros que
habían realizado; malditos aquellos que llevaron a infinidad de grupos de la
juventud al extermino, sin tener ellos lo que tendrían que haber puesto al
frente de la militancia”.
