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viernes, 1 de abril de 2011

Recuperar la representatividad

Prioridad en la UCR
Capitán Sarmiento.  Ramón Carballo, abogado y escritor, desde su adhesión al radicalismo fundamentó la necesidad de asumir la historia partidaria para adoptar una política con ideas superadoras. 
El conocer el origen de la Unión Cívica Radical, considera Carballo, implica recuperar “las ideas básicas, esenciales, que allá por 1890, con el levantamiento de Leandro N. Alem,  hicieron a la Unión Cívica”.  Su desconocimiento provoca “la disconformidad de una gran masa de afiliados y simpatizantes que llevó a la gran crisis de la UCR que ahora, pareciera, quiere empezar a reflotar”.  Como muestra de este resurgimiento, ve la convocatoria a toda la comunidad ante la presencia de Pedro Bazze, presidente del comité bonaerense, en esta ciudad el miércoles 23.    Reunión “abierta, como debe ser, no hay otra manera, el país no da para puertas cerradas, primero que todo tienen que estar los intereses de la Nación”.  
El que la UCR se encuentre en el estado en que está, entiende Carballo, responde a la  falta de representación de los ciudadanos, falta de representación que, como expuso en su última obra, por algunos es fomentada,  “como escribí en mi libro, el partido político que todos los  politiqueros quieren es alcahuete en cada pueblo para que sirva a los intereses personales de la cúpula del poder”.  

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A la inversa de lo que exige el sistema democrático, la no representatividad prevalece y  es lo que encuentra en el origen de la dispersión de los  afiliados, “el pueblo debiera elegir  al representante que tendría que llevar adelante los intereses y el mandato que la gente da al político, pero acá es a la inversa y  el electorado prácticamente se llegó a desmembrar en una infinidad de fracciones”. 

La modalidad es impuesta por “aquellos que son politiqueros, los aves de rapiña, los que no saben vivir por sí mismos, los incapaces”.  En general, desconocedores de la historia argentina, “tienen que empaparse de lo que pasó en Argentina antes de 1810 y después de 1810”.  Sin este conocimiento,  “no hay idea de qué país queremos, qué es lo que deseamos, y para esto hace falta la política de pantalones largos, no la politiquería barata de ‘no me gusta tu cara’; acá hay que discutir ideas y mientras no discutamos ideas es imposible salir del estado en que estamos”.
Se trata de definir políticas a largo plazo, “que aseguren al país un camino a seguir hacia un punto en el que todos digamos ‘allá vamos’”. Antes, definir el país deseado, “¿queremos un país de minorías?, hagamos un país donde van a vivir bien 5 millones”.  Se desconoce la realidad de millones de personas sumidas  en la indigencia, “decimos, “¡qué extraordinario, el turismo movilizó 7 millones de personas!,  ¿y qué pasa con los otros 34?; los hijos de los tobas y de los guaraníes se mueren de hambre”.  Sin repararse en esto, la política se reduce a “discutir si la capa de  pavimento es un poquito más delgada o un poquito más gruesa; si el empleado oficial dio cuatro vueltas o dio  ocho vueltas con la camioneta oficial”.  Así las cosas, “después no lloremos por la inseguridad, si no ponemos voluntad política no va a haber soluciones”. 
Coherencia
En quienes hoy se presentan como candidatos a presidente, “yo quisiera ver un discurso de política profunda, saber  qué vamos a hacer,  pautas para llevar adelante, y  un compromiso muy serio con la gente, porque después resulta que decimos una cosa y hacemos otra, seamos coherentes”.  Falta de coherencia que no ve como exclusiva de  la política nacional, también incurre el presidente de Estados Unidos, “Obama prometió en campaña una cosa y ahora bombardea Libia”. 
En salud, educación, ecología, debe debatirse una política  en profundidad,  “el que diga algo tiene que cumplirlo, necesitamos referencias políticas serias”.  Profundidad que no percibe en el precandidato Ricardo Alfonsín, “es un discurso de barricada, y el discurso de barricada puede emocionar pero no es lo que necesita el país”.
La coherencia se impone,  “me tocó estar en la Universidad en el momento más crítico, vi a  conocidos yendo al frente con la camiseta, porque para ellos se jugaba el país, mientras los dirigentes negociaban el dinero de los secuestros que habían realizado; malditos aquellos que llevaron a infinidad de grupos de la juventud al extermino, sin tener ellos lo que tendrían que haber puesto al frente de la militancia”.