El Padre Rogelio reflexionó sobre la envidia
y la generosidad
Capitán Sarmiento.
El padre Rogelio Vázquez, desde la parroquia párroco de San Carlos
Borromeo, reflexionó en este tiempo de Cuaresma sobre uno de los siete pecados
capitales, la envidia. “Hoy quiero
hablar de un sentimiento que nadie reconoce pero que todos tenemos, la envidia,
eso que nos corroe muchas veces frente al talento y brillo de algunas
personas”. Se trata de “una enfermedad que es hermana de
los celos y que habla de una pobreza, mezquindad e impotencia del alma, es un
veneno que ataca primero al que la cultiva”.
En su desarrollo, “muerde el corazón, el hígado y lleva al hombre a
actos infames”. En este proceso, “muchas
veces el envidioso espía, pierde altura, se reconoce como una cucaracha”. Quien padece el sentimiento, “siempre piensa
que la otra parte, el envidiado, va a
encontrar un final trágico”. Un ejemplo,
la película dirigida por Milos Forman, “Amadeus: Salieri envidiaba a Mozart su talento, su facilidad,
su forma de desplazarse por el mundo, y Mozart lo único que hacía era sentir la
música, esa gracia maravillosa que Dios le había puesto en el cerebro”.
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Frente
a esto, se impone la generosidad, “el sentido de nuestra vida, desde la cuna a
la tumba, es encontrar la generosidad que nos abra las puertas del cielo”. Mediante su ejercicio, se combate la avaricia
que, “como dice San Pablo, es una forma
de idolatría”. El lugar ideal para este
ritual, compara el padre Rogelio, “es el banco, el nuevo templo en estas
sociedades modernas, un lugar donde está todo establecido, con normas
fijas, uno entra como a un
santuario”. En épocas de cosecha y de
silos llenos, “por ahí acumulamos riquezas pero no somos ricos a los ojos de
Dios”. En apariencia, “la vida se
resuelve con llenar graneros, pero no es así”.
Frente a la ideología del consumismo, debe cultivarse el desapego: “el
Señor nos propone una escala de valores en la que el desapego nos lleva a dejar
con generosidad un poco de lo que tenemos”. En el propósito de “pasar una Pascua
hermosa”, el padre Rogelio aconseja tener en cuenta el lema del movimiento
judío Shemtob, “a las puertas del cielo las cierra la avaricia, las destraba la
oración y las abre de par en par la alegría y la generosidad”.
