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viernes, 15 de abril de 2011

Cuaresma: tiempo de conversión


El Padre Rogelio reflexionó sobre la envidia y la generosidad
Capitán Sarmiento.  El padre Rogelio Vázquez, desde la parroquia párroco de San Carlos Borromeo, reflexionó en este tiempo de Cuaresma sobre uno de los siete pecados capitales, la envidia.  “Hoy quiero hablar de un sentimiento que nadie reconoce pero que todos tenemos, la envidia, eso que nos corroe muchas veces frente al talento y brillo de algunas personas”.   Se trata de “una enfermedad que es hermana de los celos y que habla de una pobreza, mezquindad e impotencia del alma, es un veneno que ataca primero al que la cultiva”.  En su desarrollo, “muerde el corazón, el hígado y lleva al hombre a actos infames”.  En este proceso, “muchas veces el envidioso espía, pierde altura, se reconoce como una cucaracha”.  Quien padece el sentimiento, “siempre piensa que la otra parte, el envidiado,  va a encontrar un final trágico”.  Un ejemplo, la película dirigida por Milos Forman, “Amadeus: Salieri  envidiaba a Mozart su talento, su facilidad, su forma de desplazarse por el mundo, y Mozart lo único que hacía era sentir la música, esa gracia maravillosa que Dios le había puesto en el cerebro”.  


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Frente a esto, se impone la generosidad, “el sentido de nuestra vida, desde la cuna a la tumba, es encontrar la generosidad que nos abra las puertas del cielo”.  Mediante su ejercicio, se combate la avaricia que,  “como dice San Pablo, es una forma de idolatría”.  El lugar ideal para este ritual, compara el padre Rogelio, “es el banco, el nuevo templo en estas sociedades modernas, un lugar donde está todo establecido, con normas fijas,  uno entra como a un santuario”.  En épocas de cosecha y de silos llenos, “por ahí acumulamos riquezas pero no somos ricos a los ojos de Dios”.  En apariencia, “la vida se resuelve con llenar graneros, pero no es así”.  Frente a la ideología del consumismo, debe cultivarse el desapego: “el Señor nos propone una escala de valores en la que el desapego nos lleva a dejar con generosidad  un poco de lo que tenemos”.   En el propósito de “pasar una Pascua hermosa”, el padre Rogelio aconseja tener en cuenta el lema del movimiento judío Shemtob, “a las puertas del cielo las cierra la avaricia, las destraba la oración y las abre de par en par la alegría y la generosidad”.