Entre los afectados están los Paget, familia integrada Jorge, Mónica y el hijo del matrimonio, Agustín. Esta familia habita una casa de la calle Matheu y como otros quedaron marcados por los efectos insondables producidos por la inundación. Jorge recuerda claramente lo que ocurrió aquel 26 de diciembre de 2009 y mientras trabaja para intentar recuperar parte de lo perdido espera una respuesta concreta para que la situación no se repita.
La familia Paget vive en esa casa de calle Matheu desde hace alrededor de 14 años, se trata de una vivienda adquirida con esfuerzo mediante crédito. La casa estaba siendo adecuada y amueblada de a poco cuando el agua barrió con casi todo cuando en diciembre pasado por primera vez ingresó a su vivienda.
El recuerdo de lo vivido corresponde al relato de Jorge, su esposa Mónica no tiene fuerzas para narrar lo sufrido.
El 25 de diciembre de 2009 los tres miembros compartían con el padre de Jorge Paget en Capitán Sarmiento la celebración de Navidad, pero fue suspendida a causa del requerimiento (algo con sentido premonitorio dice Jorge) de su hijo Agustín, quien deseaba regresar a San Antonio de Areco insistentemente, sin mucho convencimiento accedieron a suspender el día festivo y en lugar de permanecer hasta el sábado 26 en Sarmiento volvieron a su hogar a la tardecita del 25. «Prácticamente no dormí esa noche, empezó la tormenta a las 3 o 4, permanecí atento, y a las 6 comencé a asustarme», Jorge Paget tuvo la sensación de que era una tormenta diferente y que el comportamiento de las aguas, una vez que invadió las calles, también era distinto.
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Alrededor de las 9 de la mañana del día 26 de diciembre Paget se convenció junto a los vecinos que el agua no dejaría de subir por lo que pusieron como pudieron a resguardo sus pertenencias. «Entre las 9 y las 10 el agua empezó a subir en forma inquietante», en menos de 1 hora y cuarto el nivel dentro de la casa había alcanzado la altura de las rodillas de Jorge, «ahí vi que físicamente no había donde ni como poner las cosas más alto, que todo se te venía encima y decidimos irnos, juntamos lo que pudimos en un bolsito, en ese momento no pensás, no estás preparado para algo repentino que nunca había vivido», el agua ingresó a su casa hasta una altura total de 1,10 metros y debieron pasar 3 días para que bajara y poder regresar y ahí fue el momento en que chocaron con la realidad insospechada.
Pero siempre hay una visión positiva, un aspecto que hace notar que todo pudo haber sido mucho peor, «Calculo que el terraplén de las vías nos salvó a toda esta franja de vecinos, si eso se rompía no quedaba nada», evaluó Jorge. De todos modos las pérdidas fueron muchas, muebles, toda la ropa, documentación, fotos, libros, una innumerable cantidad de elementos valiosos, algunos materiales y otros afectivos, muchos irrecuperables y también fue la llegada de una sensación mala, inquietante que se repite hoy cuando el cielo se tiñe de gris.
El regreso a casa fue difícil, más aún para Agustín a quien le llevó 2 meses poder volver a habitar su hogar.
«Nadie estaba preparado, ni la gente de Defensa Civil», señaló Paget, quien cree que incluso hoy tampoco lo están de manera acabada, «sin rumbo certero de organización todavía, ni hablar de lo poco que está haciendo Hidráulica o Autoridad del Agua. A la Municipalidad no le quiero cargar más la mochila porque no tiene herramientas ni personal técnico especializado en pequeñas catástrofes como esta».
Solidaridad
Jorge rescató de esta situación la increíble solidaridad de la gente, de amigos, compañeros de trabajo, familiares, e incluso de desconocidos que se acercaban a ofrecer ayuda en diferentes formas, desde económica, hasta asistencia para limpiar y ordenar un poco la casa para volver a hacerla habitable.
También tiene que reconocer que se vio la otra cara, la de mucha gente que se aprovechó de la situación y pidió cosas que no había perdido o que nunca había poseído. En su caso, rechazó la oferta de ayuda en muebles, electrodomésticos, colchones que le hicieron desde la Municipalidad para que otros más necesitados pudieran usarlos, pero le duele que muchos de los que recibieron ese aporte lo hayan despreciado por la calidad de los elementos, «te lo están regalando, es para que salgas del paso, te dan un poco de tiempo que es lo que no te dio el agua», justifica su pensamiento.
El papel del Estado
Así como rechazó esa ayuda, por otro lado exige soluciones reales para evitar una repetición de la inundación. En ese aspecto sí cree que el Estado debe responder, «como autoridades tienen la obligación de solucionar el problema, hacer el trabajo de fondo, aunque los resultados sean a mediano o largo plazo, pero creo que no se está haciendo».
Jorge intervino en política durante años, fue presidente de la UCR, secretario de Planeamiento y de Gobierno en Capitán Sarmiento, considera que existen «cantidad de payasadas, de chicanas políticas» que interfieren en el camino de las soluciones y espera que la resultado llegue, que finalmente llegue.
El nudo de la cuestión
Pero Jorge Paget tiene su propia visión de lo sucedido y abarca un panorama amplio, «el nudo de la cuestión está en la unión de cuencas que hubo a partir de la década del 70 cuando se inundaba Córdoba, la saliente del Río Quinto se juntó con la cuenca del Río Salado, la cuenca del Salado no tenía problemas cuando no había agua en la provincia de Buenos Aires, pero cuando hubo exceso de lluvias se formaron las lagunas encadenadas y no tuvieron mejor idea que, en lugar de sacarla para la bahía de Samborombón, hacia donde es su pendiente natural, llevar las agua para la cuenca del Río Arrecifes y de allí a la del Río Areco, un suicidio», lamenta este vecino que a pesar del trabajo diarios en la recuperación de su hogar, aún conserva las paredes con el revoque picado a la espera que seque para cuando, nuevo crédito mediante, pueda volver a revocar, pintar y terminar de reponer muebles.
Algo que avala sus dichos sobre la conexión indebida entre cuencas, es que en la inundación del 26 de diciembre el agua, «era salada, no me lo contó nadie, por eso me refiero a la cuenca del Río Salado», e invitó a quien quiera revisar lo que dice a pagar tiempo de satélite y a través del Google Eart ver «con suficiente claridad de dónde viene y dónde están los grandes canales, que no son los de los chacareros que son zanjitas al lado de los canales que unen las cuencas. Hay un canal que une el Río Arrecifes con el Río Areco paralelo a la Ruta Nacional 7 que muchos conocen y pocos mencionan.