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| Ricardo Manuel Rojas |
¿A qué se debe el haber investigado sobre Vieytes?
Mientras hacía mis cursos para el doctorado en Historia Económica, buscaba un buen tema para mi tesis doctoral. El rector de ESEADE, Carlos Newland, me habló de la importancia del pensamiento de Vieytes y lo poco conocido que era. Hicimos un seminario sobre algunos artículos del Semanario de Agricultura, Industria y Comercio que Vieytes dirigió, y allí me empecé a interesar mucho en su pensamiento, porque realmente era un liberal que ansiaba traer las ideas de la ilustración europea, del liberalismo español y del progreso, a un Río de la Plata prácticamente despoblado y empobrecido.
A medida que fui leyendo sus artículos del Semanario, a la vez creció mi interés por este personaje, así como mi perplejidad porque no hubiese sido mejor tratado por los historiadores.
Por eso, el tema de mi tesis doctoral fue precisamente el de contradecir o enmendar a algunos historiadores ilustres, como Roque Gondra, que minimizaron a Vieytes y su preparación intelectual. Y creo que lo logré.
¿Cuál ha sido el valor que encontró en su trabajo periodístico?
Fundamentalmente, Vieytes había leído en forma autodidacta (apenas terminó sus estudios secundarios se fue a la aventura, al Alto Perú, por 20 años), a Adam Smith, a sus difusores europeos, como Samuel Crumpe o Valentín de Foronda, a los liberales españoles, en especial Jovellanos, a los fisiócratas franceses como Quesney y Mirabeau, y a muchos otros libros que llegaban a sus manos. Su gran virtud fue colocar estas ideas en el contexto de los problemas que impedían el crecimiento de esta parte de América. Lo ayudaba mucho ser un excelente conocedor del interior del país, del camino hacia el Alto Perú y todas las ciudades que lo componían. Conocía perfectamente las posibilidades de producción que ofrecía cada región, cada ciudad, conocía las características del campesino argentino, y por ello no se limitaba a difundir las ideas de la ilustración europea, sino de aconsejar cómo esas ideas podían generar sus mejores frutos en el país.
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Eso permite encontrar en los distintos artículos que publicó en el Semanario un hilo conductor de ideas encadenadas lógicamente: la necesidad de incrementar la productividad de los individuos, a través de los incentivos que les ofrece el respeto de la propiedad, en especial a través de la venta de sus productos, aprovechar todo avance tecnológico que pueda mejorar la producción y la calidad y cantidad de los productos.
¿Fue un visionario o un idealista?
Pienso que fue un poco de ambas cosas. Un visionario, porque donde algunos veían pampa desierta y ganado cimarrón, él veía la posibilidad de construir caminos que unieran pueblos de gente productiva, en cuyas granjas produjeran innumerable cantidad de productos para comerciar en mercados regionales. Por ejemplo, en los primeros años del siglo XIX advertía el peligro de una invasión portuguesa a la Banda Oriental (lo que finalmente ocurrió veinte años después), y para evitarlo proponía precisamente crear una línea de pueblos interconectados que pudiesen comerciar entre sí.
Fue un idealista, porque soñaba con esa misma pampa poblada por muchas estancias, donde el derecho de propiedad del ganado y la tierra estuviese perfectamente definido, y se generara un flujo de comercio y producción que derramara riqueza a todos los confines del país.
Veía la posibilidad de un país próspero y pujante, que acogiera a muchísimos inmigrantes de todas partes del mundo para producir y generar riqueza. Y lo veía cuando esa posibilidad era mucho menos visible que medio siglo después, cuando comenzó la institucionalidad del país. El mundo que vislumbraba Vieytes recién fue posible a partir de Caseros y la constitución.
Se puede sentir en los artículos de Vieytes la pasión con que defendía sus ideas. Y cómo lo turbaba la circunstancia de que un país potencialmente tan rico tuviese una población tan pobre. En buena medida, releer esos trabajos doscientos años después nos permite encontrarnos con los mismos interrogantes e inquietudes que desvelaban a Vieytes. Y sería muy importante recordar los consejos que él dio entonces, porque en buena medida mantienen su vigencia.
Ricardo Manuel Rojas es abogado y fue secretario Letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación entre 1986 y 1993, juez de un tribunal en lo criminal de la ciudad de Buenos Aires. Fue vicepresidente y director ejecutivo de la Fundación Friedrich A. von Hayek, de Buenos Aires. Realizó su doctorado en el Instituto Universitario ESEADE y su tesis giró en torno a la labor periodística de Juan Hipólito Vieytes.
Actualmente se encuentra organizando carreras de posgrados y maestrías en Costa Rica.
