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viernes, 17 de diciembre de 2010

Escobar: «El amor no es un sentimiento innato, se aprende»

La psicóloga reflexionó sobre la construcción del sentimiento maternal
Capitán Sarmiento.  Andrea Escobar, psicóloga, reflexionó sobre el sentimiento maternal y la gravitación de lo cultural en su surgimiento.  Antes de un nacimiento, «la familia se prepara para recibir al que llega al mundo y en cada recepción hay obstáculos, hay avatares que hacen que no todo sea color de rosa, o celeste».  
A diferencia del mundo animal, observa Escobar, donde el instinto materno existe hasta que la hembra termina de amamantar a sus cachorros,  en la especie humana el cuidado del recién nacido es una construcción  cultural, «el amor no es un sentimiento innato, el amor se aprende».   Con mínimos contenidos de historia, sociología o política, se concluye que  «la noción que nosotros hoy tenemos de niño, de mujer y de familia no es la misma que la que había en el Medioevo, ni siquiera en la Modernidad;  nada está fijo, y  las nociones de hijo, de familia, de mujer, siguen cambiando».
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Sin instinto maternal que garantice sentimientos hacia un hijo, su ausencia puede ser superada,   «una madre puede no querer a su hijo pero puede cederlo a  la historia y a la cultura del lugar que el niño recién empieza a habitar; puede ser que el niño sea adoptado o criado por una familia que sí lo quiere y le da un lugar».  El  problema, «cuando una mamá no lo cede legalmente, y aun así el niño no tiene su lugar porque esa mamá puede no querer a ese niño».   
Hacia una mejor calidad en los vínculos, «hay que plantear muchas cuestiones para desnaturalizar la maternidad, que no es esa cosa rosa y maravillosa que pintan en las propagandas cuando nos quieren vender algún producto».  El buen desarrollo del niño, «no depende sólo de quien lo trajo al mundo, hay muchos otros, socialmente hablando, que pueden quererlo».   Lo importante, desnaturalizar la maternidad, «esa mamá tiene que estar contenida socialmente como mamá y como mujer, la maternidad no se da en el desierto, en la mitad de la nada».  
Escobar advierte que,  aun cuando un recién nacido encuentre al llegar al mundo  las mejores condiciones y una madre amorosa,  esto solo no garantiza su desarrollo, «no se trata siempre solo del amor; en nuestra economía psíquica este niño ocupa un lugar muy importante en nuestros deseos, y el deseo y el amor no siempre van de la mano, ni  tienen por qué».  En la salida del niño al mundo, «es muy importante, y por suerte esto pasa en  la mayoría de las madres, que pueda ceder su hijo a la cultura: lo mandamos al jardín, al colegio, estudia, hace actividades, se mueve en el marco social y cultural en el cual vivimos».